Los restos de Carreño

Por José Roberto Duque

José María Carreño no combatió en la más famosa Batalla de Carabobo (la segunda), sino en la primera.

Pero vale la pena recordarlo en esta y en cualquier otra ocasión pues se trata de un personaje tan importante como semiolvidado.

Llegó a ser presidente provisional de Venezuela en 1835, pero antes de eso ya había forjado a sangre y plomo su leyenda. Las condiciones en que llegó a aquella batalla (28 de mayo de 1814), siete meses después de haber sido prácticamente despedazado en combate, es descrita así por Felipe Larrazábal:

“Hallábase muy débil, curándose de catorce heridas que recibió en los Cerritos Blancos, donde perdió completamente un brazo; pero sabiendo que se preparaba una grande acción, que el Libertador mandaría en persona, pidió su alta y concurrió a la gloriosa acción de Carabobo. Parecía un espectro: sin sangre, mutilado, el habla débil, el paso lento…”.

El brazo lo perdió por un disparo de cañón, que lo atravesó y le      arrancó el omóplato. De todas las heridas que recibió en su carrera nueve calificaban como mortales; una de ellas le abrió el cráneo. Después de esto, no se retiró del todo; se ha documentado su participación en las batallas de Tunja, Santa Marta, Cartagena. Sirvió a las órdenes de Páez, y en 1817, mientras viajaba a Guayana, recibió otra herida en un atentado perpetrado contra Bolívar.

Fue Constituyente en 1829 y protagonista de una honrosa comisión: formó parte del grupo de venezolanos que fueron a buscar los restos de Bolívar en 1842. A propósito de este episodio,
ha trascendido un chiste cruel, que es por el que de vez en cuando se le recuerda: los caraqueños
de la época, y al parecer esto está recogido en algún panfleto, decían al respecto: “los restos de Carreño van a buscar los restos de Bolívar”.

Murió en Caracas en 1849.

 

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