Madres de Épale: La dulzura de Ángela América

Por: Gerardo Blanco / Columnista de La Vida es Juego

La dulzura de mi madre es dolor de parto y pechos suaves de miel y llanto.

La dulzura de mi madre es luz de luna, siempre encendida al pie de mi cuna.

La dulzura de mi madre es un Ángel de La Guarda y besos tiernos de esperanza.

La dulzura de mi madre cuenta cuentos de hadas y convoca al sueño con su magia.

La dulzura de mi madre es sana, sana culito de rana que si no sana hoy sanará mañana.

La dulzura de mi madre cambia pañales, limpia el rabito y me deja limpio de buena gana.

La dulzura de mi madre es agüita tibia bien jabonosa, dulce colonia y talquito en la nalga.

La dulzura de mi madre son sonidos raros, un mundo nuevo de vocabulario.

La dulzura de mi madre es una escuela, jalón de oreja y buenos regaños.

La dulzura de mi madre es de regalos, torta cacera y soplar velitas año tras año.

La dulzura de mi madre es libertaria, pone sus alas para que el niño vuele y salga de casa.

La dulzura de mi madre es modernista, envía mensajes y whatsappea siempre en línea.

La dulzura de mi madre es infinita, acoge a los nietos, da besos y abrazos, reparte alegrías.

La dulzura de mi madre es compañía, 65 años de eterno romance con el amor de su vida.

La dulzura de mi madre ya es algo esquiva, se va la memoria y se confunden sus días.

La dulzura de mi madre nunca me deja, siento su aliento y tiernos abrazo en la noche más fría.

ÉPALE 412