Madres de Épale: La única madre que conozco

Por: Sol Roccocuchi / Ilustradora

Esas mañanas disociadas cuando, sin darme cuenta, soñaba volver a tu regazo, mientras las tablas de multiplicar resonaban sin eco en mi cabeza, y la maestra perdía la paciencia conmigo, imaginaba abrir una tronera en el suelo con un serrucho y un río subterráneo me llevara de vuelta a ti, que eres la única madre que conozco.

Las mujeres más importantes de mi vida me llevaron por el sendero de la devoción. Pero sólo cuando dejé de perseguirte (y delirar) me abriste los brazos y no me soltaste jamás, sentí entonces la necesidad de hacerte florecer en cada acto, de llevar el verde, el azul, el amarillo, el rojo de los atardeceres. Me encontré sembrando ceibas y bucares, coquetas y girasoles, encontré calidez en tu sombra y plenitud en tu asiento. Me vi trepando matas de mango y compartiendo tu bondad. Mamá Belén me enseñó que limpias el alma y quitas malos olores de zapatos sucios; también me dio a probar tus frutos, pero primero me enseñó a hacerlos brotar. Cuando me reconozco en el verde de tu semblante, me reconozco vida y portadora de vida.

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