Madres de Épale: Lilí es la culpable

Por:  Marlon Zambrano / Redactor

Aún me sorprende la desfachatez de esa línea de ‘The End’, canción emblemática de The Doors escrita por el poeta Jim Morrison, cuando afirma categóricamente: “Madre… quiero… cogerte, wouuu yeaaahh”.

En sus días, finales de los años sesenta, fue un escándalo apocalíptico asociado a las bajas pasiones del diablo. Hoy resulta infantil y risible, frente a los versos del rapsoda Ozuna (el negrito ojos claros) cuando anuncia en su reguetón: “Me reclama, quiere que le meta duro con el prepucio, se puso en cuatro patas quiere que le entre por donde le sale”, y otros versículos teologales.

Yo estaba enamorado de mamá, pero no puedo asegurar que quisiera acostarme con ella. Hago la salvedad porque si ella lee esto, seguro me estampa un soplamoco que me hace olvidar cualquier noción del amor. Pero además, tampoco me acuerdo. Sin embargo, desde entonces (supongo que desde mi más tierna infancia de lactante) mi mamá expresa la belleza que busco en una mujer, y la seguridad de su temple de hierro.

Una vez hasta le escribí un poema pero no me atrevo a leérselo. Me da pena. Debe ser por algunas de sus alegorías: “Sus castigos eran duros / su cólera terrible / Tuvo hegemonía sobre el manto marino / Hoy apenas vaga como una ola obstinada / Oye al gentil hombre sus historias de viajero…”.

Ella fue, lo digo sin rubor, mi primera fantasía: hermosa, inmensa, sexy. Angustiado, como un Woody Allen guatireño, me remití a la psicología para entender mi “desorden” esquizoide, hasta que Freud me aclaró –más o menos– el asunto: “enamorado de la vieja, mi papá era el rival. Recién nacido, sentí placer sexual al chupar de su teta y mi erotismo, a los tres años, se alojó en el ano.”

Al dejar el tetero –sigue Freud– empecé a tener sensaciones eróticas al evacuar heces o hacer pipí (control de esfínteres). Estas deposiciones no tardaron en convertirse, junto al tocamiento del ano, en herramienta de combate, una manera de enfrentar a los adultos y de hacerlos sufrir, lo que el sicoanálisis llama período sádico-anal.

Con estas palabras no solo pretendo homenajear a mi madre, sino que espero aportar una vieja explicación que nunca logré desarrollar frente a ninguna de mis ex, porque cuando vine a ver, ya estaba maleteado buscando asilo: la culpa siempre fue de mi mamá.

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