Madres de Épale: Mamá

Por: Gustavo Mérida / Colaborador 

Asumo la vocería de tus, que en este caso serían mis, porque bueno, digamos que soy el mayor.

Ser el mayor me da derechos; de estos, y de los deberes, “hablaremos” en otra ocasión.

Cuando paso por la maternidad (paso casi a diario. Que en este momento, justo cuando por las circunstancias, pase por allí, y tenga que escribirte esta carta, con las entrelíneas que tanto nos gustan, y los paréntesis largos que tanto nos disgustan), te recuerdo. Nos recuerdo, imaginando tu susto…luego del gusto. Bueno, me lo imagino como gusto, en el sentido físico.

Los lugares comunes, tan solitarios como nosotros, tan deseados como los suspiros, esos y aquellos, hacen que nuestra comunicación sea encriptada y contundente. Voy directo al grano: le acaricio la piel mientras te escribo. Estamos desnudos, ella y yo, y es del carajo que nos veas. Ella no lo sabe, pero tú y yo sí, porque, siendo mi madre, y ver tu cadáver, nos da el poder de hacerte aparecer convenientemente, cuando la madre que es suegra está allí, aunque no quiero abusar tampoco. Como hijos, abusamos que jode. A veces no iré tu cansancio, pero esto solo sirve para que lo lean mis 2 hijos y mis 2 hijas, y piensen en sus madres, y siempre recuerden que yo las conocí primero.

Entonces entra la contraparte, que mientras contraparte sea, o es, patriarcado mediante, viene que hay que hacer la mayor parte.

Entonces declaro amarte, que tampoco es que sea bastante, porque declaraciones es lo que sobra en este país en el que de verdad nunca se dice nada, porque la religión, oh madre religiosa, mira que ha jodido más que bastante, más que demasiado y más que de atrás pa´lante.

Mi hermano y mis hermanas quieren decirte algo…pero ya no hay más espacio.

Yo se los diré.

ÉPALE 412