Madres de Épale: Mami-Mommy

Por: María Eugenia Acero Colomine / Redactora

Cuando yo estaba chiquita, tú me decías “Mami-mommy”. Me cantabas una canción preciosa y triste con la guitarra, que hablaba de la historia de un venadito solitario que invitaba a jugar a su reflejo en un estanque. Siempre me he sentido identificada con esa canción, ya que nunca he tenido muchos amigos. Sin embargo, no solo me has defendido como una leona en muchas ocasiones, sino que en el momento más frágil de mi vida, cuando estuve a punto de perderme, sacaste una fuerza sobrenatural para rescatarme.

En nuestra historia vivimos muchas etapas fuertes, y otras muy hermosas: nuestros paseos en bicicleta, nuestros viajes en el Chevette por Venezuela, y cómo me acompañabas leyéndome cuentos, con música de Los Beatles y Rubén Blades. Solías llevarme mucho al teatro: al Aula Magna de la UCV, y durante toda nuestra vida la tradición de disfrutar de maratones de cine ha sido parte de los rituales familiares.

Recuerdo tus desvelos para confeccionarme los disfraces de la escuela, así como los trabajos especiales. Algo de tu ejemplo quedó en mí para siempre: me enseñaste a investigar e ir más allá. Tal vez por eso inconscientemente terminé siguiendo tus pasos.

Cada vez que hacías un reportaje especial, me lo leías con entusiasmo. El periodismo no solo ha sido una profesión para ti: ha sido parte activa de nuestras vidas. Tal vez por eso hiciste de mi hermana y de mí buenas personas. La indignación por las injusticias te llevó a enseñarnos a ser mujeres honestas y que no nos dejamos intimidar por nadie.

Son muchos los recuerdos bonitos, y muy poco el espacio. Te llevo conmigo en mi caminar por la vida, sencillamente.

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