Madres de Épale: Victoria, la de la sonrisa bonita

Por: Mercedes Chacín / Fundadora y Asesora Editorial

Les presento a mi mamá, Victoria Díaz Lara, nacida en Sabana Grande de Orituco, estado Guárico, madre de tres varones y dos hembras y esposa de Rigoberto Chacín.

Mamá cumple el próximo 11 de mayo 87 años. Está igualita. Sigue siendo una jodedora insigne, una mujer echa’pa’lante y dueña de su entorno. Estuvo más de medio siglo y pico (pico largo de 8 años) viviendo con mi papá. Cuando Pedro se fue de este mundo, mamá tenía 59. Luego se “ha echa’o” a unos cuantos, le dice cada vez que puede su hijo Lizardo. De sus 9 hermanos quedan tres. Papá falleció hace casi ocho años. Está igualita. Sigue siendo una jodedora insigne, tolerante, locuaz y alegre. Casi nada la pone triste.

Mamá, Victoria Díaz Lara, fue maestra por 30 años. Varios de sus nietos viven afuera y como muchas abuelas ha tenido que usar la tecnología para comunicarse. Mamá es de esas mujeres que logra unir las diferencias que siempre existen entre las familias. Su casa se parece a ella. Le gusta el orden, la limpieza y que sus hijos, hijas y nietos la visiten. Es una vecina famosa porque antes de que su afección en la columna le impidiera caminar pal pueblo cada vez que se le antojara, la conoció medio mundo. Hay unos cuantos setentones y setentonas por ahí que le dicen maestra.

Mamá es chavista y en 2004, en ocasión de una distinción que me hizo el jurado de Premio Nacional de Periodismo, tuvo la oportunidad de abrazar a Chávez en el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores. Cuando ella le pidió a Chávez que repitiera la foto porque el fotógrafo no la tomó, Chávez le dijo: “vente mi viejaaaa” con los brazos abiertos. A mamá cada vez que le dicen vieja responde, a quien se lo diga y donde se lo digan: viejo tienes tu el hueco del c… que lo tienes arrugado. Me contó hace poco que estuvo a punto de decirle eso al Presidente, pero que le pareció que no entendería el chiste. Yo creo que lo hubiese entendido y sonreiría como nosotros cada vez que lo repite.

Mamá tiene una sazón extraordinaria. Sus cachapas, sus caraotas guaracara, sus cuajaos de pescado, su carne con papa, su carne mechada, sus frijoles y sus hallacas me hicieron la infancia sabrosa. Sus arepitas dulces con queso rayado por encima no tienen igual. Ah, pero no hay quien le gane al dulce de lechosa. No he podido encontrar uno que se le acerque. Y mis intentos hacerlo “por mi misma” han sido un rotundo fracaso. Esa es mi mamá, la mamá más alcahueta de todas. Siempre nos ha acompañado en todas nuestras decisiones. No ordena, no da instrucciones de vida, solo está ahí, siempre. Con su jodedera eterna con los refranes, con sus groserías asertivas y oportunas y dueña de su entorno. Por eso sonríe tan bonito. Te quiero mucho, mami.

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