Malas madres

Por María Eugenia Acero Colomine • @mariacolomine / Ilustración Erasmo Sánchez

Una de las cosas más fáciles que ejerce el patriarcado, es condenar la labor de las mamás. La publicidad y los medios han sido expertos en impulsar una imagen etérea, abnegada, entregada y presta a complacer todas las exigencias de los hijos sin chistar. La sociedad actual ha complicado aún más las cosas, al exigirles sutilmente a las madres a que sean profesionales, trabajadoras, económicamente solventes y bonitas para poder ser aceptadas en sociedad.

La verdad es que la empresa de sacar adelante un muchacho no es un asunto nada fácil. Desde el momento en que una mujer queda embarazada, automáticamente, su vida deja de ser suya para pasar a dedicarle toda su atención a la nueva persona que viene en camino.

Madres tóxicas

De seguro que la madre de Norman Bates tenía graves problemas mentales. Lo mismo se puede decir de la mamá de Pablo Escobar Gaviria, de quien se dice que impulsó a su querubín a ser más vivo que los demás y a hacer bien el mal. Eso nunca se sabrá. Lo que sí es cierto, es que no todas las mujeres están preparadas para asumir la crianza de una criatura.

Existen madres que están muy enfermas, y que en lugar de bien, suelen hacer mucho daño en el entorno familiar. Se dice que las madres narcisistas son personas que anulan el desarrollo de sus hijos por asuntos de control y manipulación. Hay madres que compiten con las hijas, y otras madres tienen fuertemente desarrollado el complejo de Edipo.

En los barrios es muy común que haya mujeres que prefieran al marido antes que a los hijos, y hay madres que inducen a sus hijas a la prostitución, y al trabajo forzado desde muy temprana edad.

Una bendición difícil

Pero más allá de las patologías que puedan presentar algunas mujeres, y de las absurdas decisiones que otras mujeres toman producto de la desesperación, criar un hijo no es coser y cantar. Se requiere de un gran trabajo de paciencia y disciplina para sacar adelante a un niño, y más aún en estos tiempos de crisis. Nomás el hecho de parir cuesta un ojo de la cara, sin contar con todo lo que acompaña el crecimiento de un niño: comida, medicinas, ropa, juguetes, educación, paseos, etcétera. Es normal, entonces, que a una mujer se le salgan los tapones, se deprima, llore, y no se comporte a veces como “la mamá ideal”.

Es importante que recordemos que antes que madres, las mujeres son seres humanos con virtudes y debilidades. Tal vez así, sí podamos elevarlas al altar, por el simple hecho de criar a sus hijos como mejor pueden hacerlo.

ÉPALE 459