Marlon Zambrano: No se puede perder la poesía si se quiere hacer buena crónica

Periodista, escritor, fotógrafo, entre otras cosas, nos enseña que escribiendo crónicas es la mejor manera de entender el tiempo y el espacio que habitamos

Por Andrea Quiñones Rubio• @andreaquinonesrubio / Fotografía Alexis Deniz • @denizfotografia

Hay que entrevistar a Marlon, pensé. Ganó el Stefanía Mosca. ¿Quién lo entrevista? ¿Cuántos medios más lo entrevistan? Porque nuestro redactor estrella está en boga, es famoso, con dos premios Nacionales de Periodismo en su haber, uno en el 2005 mención Medio Comunitario por el periódico cultural Tere Tere y luego Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2020, mención Impreso por una crónica escrita para nuestra revista Épale CCS. En principio le propuse que se entrevistara él mismo, a su alter ego, eso hizo morirnos de la risa y confabular, alinear los astros, hacer conjuros, coordinar tiempos y espacios para terminar con una entrevista vía WhatsApp.

Realmente no recuerdo la primera vez que vi a Marlon en la redacción, pero su nombre me sonaba desde los noventa. Sabía que era periodista, escritor y que esto lo hace un investigador de temas culturales, cosa que a ambos nos apasiona. No sabía que era fotógrafo hasta que un día que no teníamos uno para una pauta me dijo, “si no hay quien haga las fotografías para una crónica, yo mismo soy” y así fue, por algo ganó Mención Honorífica el concurso de fotografía Cruz Amado Fagúndez. Lo de locutor me entero, no me extraña porque en su extensa y prolífica carrera esto lo hace un todero comunicacional desempeñando cargos de Director General de Comunicaciones, de Imagen Institucional, Coordinador de Prensa, de informativos.

A los 27 años ya Marlon había publicado un ensayo en el libro El San Pedro de Guatire: de la tradición Ritual al Espectáculo Urbano. Diez años después vino el poemario Temporada de Huracanes. En el 2019 un libro de crónicas: Caracas para principiantes y en el 2020 un libro de Caracas Pandémica con crónica de varios autores.

Este catiense nacido en 1971, estudió Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela, con un Magister en la Universidad Complutense de Madrid. Hoy ganador del Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2022, mención Crónica por el libro: Guatire, melaza y fogón. Este año publicó el libro La pandemia no puede con el amor de la editorial de Ciudad Ccs. Marlon es un cronista caraqueño que vive en Guatire, es un poliamoroso laboral, trabaja desde el 2009 con nosotros y también para varios medios impresos y digitales dentro y fuera de Venezuela. Lo han condecorado nacionalmente en el 2002 con la Orden Francisco de Miranda en su Tercera Clase y en el 2021 con la Orden Pedro Muñoz en el renglón Literatura. Hoy nos toca reconocerlo a nosotros, sus compañeros de trabajo.

—Uno de tus escritores favoritos, Gabriel García Márquez decía que un clásico de los periodistas es que les dicen unas cosas y terminan diciendo otras. ¿Te ha pasado?

—Muchas veces. Pero también me han dicho que logré captar cosas que el propio entrevistado calló o no supo explicar. A veces uno es un torpe, a veces un médium.

—¿Cómo se enfrenta un periodista, cronista, escritor al género narrativo de la crónica sin perder la poesía?

—No puede perder la poesía si quiere hacer buena crónica. La crónica, como género, realmente es periodismo narrativo. Eso a veces puede sonar a contrasentido porque nos traslada al peligroso terreno de la no verdad, o a la mentira directamente. Se debe ser cuidadoso. Puedes jugar con los recursos técnicos de la poesía y de la ficción, puedes elucubrar en la forma, pero nunca en el fondo. Para mí es una de las claves de lo que hago.

—De todos los géneros literarios que escribes, sé que la crónica es tu preferido. ¿Por qué?

—Uf, para mí es la mejor manera de entender mi tiempo y mi lugar en el mundo. ¿Cómo escribes sobre Caracas sin que suene a ficción? En la misma medida, ¿cómo explicas lo que ha vivido nuestro país en los últimos años sin perderte en detalles técnicos prácticamente incomprensibles? Golpes de estado, golpes petroleros, guarimbas, bloqueo, desbloqueo, artistas que echan maldiciones sobre nosotros pero se vienen de gira y agotan entradas en dólares, etcétera. ¿Cómo explicas el cúmulo de emociones que puede significar viajar en el Metro? Solo con artificios, no hay datos concretos que sirvan para la comprobación.

–Un escritor es una persona con intuiciones, con olfato, no necesariamente es un intelectual. ¿Qué te consideras?

—Un sabueso. Me la paso oliendo, le tengo mucho miedo a la etiqueta de “intelectual”.

—¿Cuáles son tus valores espirituales más sagrados?

—El desorden, la incoherencia, la fe en la gente que va a la deriva.

—Hay una fisura entre la vida literaria y la vida cotidiana. ¿Cómo es el proceso para un cronista asumir cotidianamente esta realidad?

—Es terrible, yo quiero ser todo el tiempo escritor pero se me pasa cuando me toca hacerle las arepas a mis chamos.

Marlon zambrano, un lobo solitario en la multitud

Juguemos:

—¿Te consideras un tipo raro? ¿Qué tanto?
—Mucho, desde niño, tan raro que paso por un tipo serio.

–¿A quién te gustaría tener a tu lado en un apocalipsis?
—Al diablo, siempre que hayamos hecho las paces.

—¿A quién retarías a duelo en una noche de penumbra con una pluma debajo del brazo?
—A la jeva.

—¿Cómo te gustaría morir y cómo quisieras que te recordaran?
—No quiero morir ni quiero que me recuerden. De acuerdo con Héctor Abad Faciolince, estoy claro en el olvido que seremos.

—¿Una manía a la hora de escribir?
—Debo bañarme y perfumarme primero. Luego, tener a la mano una garrafa de café y a la sirvienta cerca, para nalguearla, como don Andrés Bello.

—¿Por cuánto dinero te venderías o por qué cosa te venderías?
—En eso soy irreductible: no bajo de cuatro ceros y en $$$.

—¿Te prestarías para ser un escritor negro?
—Yo siempre he querido ser negro, como sea.

—Si te pidieran escribir un libro a cuatro manos, ¿a quiénes escogerías?
—A alguien que se deje agarrar las manos. En realidad soy un lobo solitario.

—¿Qué cosa te gusta que a pocos les gusta?
—Las porno con squirt. A mí me parece el triunfo del placer real sobre el marketing.

—¿Con cuál libro has llorado?
–Mil veces con El amor en los tiempos del cólera. Cada vez que lo leo es lo mismo. Con el Manual de Carreño.

—¿Te gusta el cine? Dime tres películas que te gusten.
—Me encanta. De mis favoritas, ¡Tan lejos, tan cerca! del alemán Wim Wenders; El libro de la selva, pero la original de 1967 donde Tin Tan dobla al español la voz del oso Baloo y canta esa pieza maravillosa que se llama Busca lo más vital; ¿Y dónde están las rubias?, una metáfora de las contradicciones del arte naif en las sociedades
hipersexualizadas.

—Tres canciones que te marcaron
—Dos de Los Beatles y una de Bad Bunny: Across the universe, A day in the life y Tití me preguntó.

—Personaje literario con el que te identificas
—Maqroll el Gaviero, confieso públicamente que estoy enamorado de ese personaje entrañable que inventó Álvaro Mutis, quienes a su vez inventaron al Gabo.

—¿Te has enamorado de un personaje que hayas inventado?
—Yo no invento nada, así que yo ya venía enamorado.

—¿Con qué frecuencia te enfrentas al síndrome de la página en blanco y qué estrategia usas para resolverla?
—Mil veces. Dejo eso así y me voy a jugar con mis carajitos.

—¿Qué es lo que más te ha costado escribir?
—Cien años de soledad. No es joda. Yo quise imitar el juego de Julio Cortázar y reescribir mis novelas favoritas pero con otros desenlaces. Con Cien años, no paso de las dos primeras líneas.

–¿Qué tema no tocarías en tus textos?
—Las veces que me han dicho gordo feo.

—¿Vives de lo que escribes?
—Jajaja.

—¿Palabra favorita?
—Demagogia.

—Cuando te piden firmar un libro, hacer una dedicatoria ¿Qué sueles escribir?
—Lugares comunes.

—¿En qué piensa Marlon en el trayecto de Guatire a Caracas?
—¡Que pregunta tan linda! Pienso en el amor, en el sexo, en las cuentas por pagar, en las cosas que olvidé, en mi diente roto, en las pastillas de la tensión, en cosas para escribir en Épale Ccs.

—¿Cuál ha sido el mejor consejo que te han dado en el mundo literario? ¿Cuál darías tú?
—Me lo dio el tipo que más quiero en el mundo, el poeta, maestro y amigo José Quiaragua Pinto, quien es casi un personaje salido de un callejón de Macondo. Me dijo: “A las mujeres no hay que entenderlas poeta, así que deje ese peo así”. De ahí en adelante asumo el amor, la vida y la escritura como algo que se hace por placer y cuando no fluye, pues se pasa la página. Le diría lo mismo a las nuevas generaciones, nativos digitales, asexuados y aesthetics.

—¿Qué pregunta le harías a tu alter ego?
—¿Por qué no te callas?

—¿Un placer culpable?
—Bucear culos. Creo que es unan patología.

ÉPALE CCS N°475