Más rayado que cuaderno de niño chiquito

Por María Alejandra Martín@maylaroja / Ilustración Erasmo Sánchez

Estaba leyendo estadísticas que indican que el 20% de la población en España tenía tatuajes y que aun así sería imposible que un tatuado trabajara en un banco, y me hizo un poco de ruido al pensar la comparación, ya que pareciera que hoy en día en el país casi todo el mundo tiene al menos el nombre de los hijos y madre, una flor pequeñita o media manga en full color.

La historia del tatuaje tiene orígenes bien estigmatizantes, siempre se recuerda al marinero de moral dudosa o al preso, a los delincuentes. Con el paso del tiempo, la piel se ha convertido en un territorio, espacio decorativo, rememorativo de quien lo desea. Y si se trata solo de tinta inyectada en la piel para hacerse el diseño que usted quiera, ¿porque aún existe tanto prejuicio ante los tatuados y tatuadas? Uno de los más frecuentes es el de la donación de sangre, no puedes donar sangre nunca más, incluso en nuestro país este requisito de no estar tatuado para donar, es exigido y la realidad es que después de doce meses de haberse tatuado en otros países del mundo, cualquier persona con tatuajes puede donar sangre.

Yo me atrevo a asegurar que en Venezuela hay más del 20% de personas tatuadas, y esto cada vez cobra más vigencia en cuanto a ofertas de empleo se trata, he visto médicos, agentes de bancos, choferes del metro con tatuajes. Cada quien puede tener sus gustos pero esto no debería ser una limitante en lo que a trabajar se refiere, es autonomía del cuerpo tomar la decisión de hacerte un tatuajito, eso sí, intenta siempre realizarlo en condiciones higiénicas, con alguien al que le conozcas su trabajo, y si no es muy bueno evita los diseños complejos, es preferible algo sencillo que un retrato de tu abuela que cause infartos o ataques de risa.

“Cuando seas vieja eso se te va a ver allí todo arrugado”, estigmatizamos también la vejez. Hoy conozco abuelas que están bien firmes, he visto tatuajes de gente cincuentona que se conservan bien, quien está pendiente de su estética va y se hace retoquitos de color, y a pesar de que no podemos detener el paso del tiempo creo que quien se tatúa le agarra cariño a sus rayas. Tatuarse es una decisión, y aunque no siempre sale bien, todo el mundo le guarda afecto a sus experiencias y recuerdos. Como quien todavía siente amor por su tatuaje de Tasmania feo en el brazo.

ÉPALE 440

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