Mejor ni te cuento: Almas al mar

Por Ana Cristina Bracho@anicrisbracho / Ilustración Yulia Pino@arte_moon88

Los habitantes del noroeste de Francia descienden de los vikingos, unos guerreros nórdicos que eran grandes navegantes. Su origen es objeto de orgullo. En varios espacios festejan este legado cultural, existiendo, por ejemplo, plazas donde exhiben drakares que son los barcos que fueron el símbolo de su poder militar. Esa costa norte de Francia es también el agua que moja las costas del sur de Gran Bretaña y durante siglos, ese paso ha sido objeto de viajes, que aún se recuerdan.

En ese lugar hay un viento permanente y casi no sale el sol. El invierno se caracteriza por su humedad inclemente. Es un espacio donde uno realmente no puede permanecer a la intemperie cuando llega el otoño y menos el invierno. Allí, se produjo hace tan solo unos días una tragedia que no es resultado del azar sino del rechazo a los inmigrantes.

Han muerto veintisiete personas que no logran identificar. Son almas que venían saltando las fronteras, eran, según parece iraquíes, iraníes y afganos. Por lo pronto, sus cuerpos están en una bodega mientras se intenta saber quiénes son, si en cinco años nadie los reclama, serán silenciosamente incinerados.

Murieron frente a la costa de Calais, desde donde se lanzaron en balsas después que la policía interviniera en los improvisados campos en los que se habían instalado, decomisándoles hasta los sacos de dormir. Intentaron seguir, en tanto consideraron que Francia no les daría un trato digno. Lo hicieron esa noche porque el clima empezaba a empeorar incluso si no les vendieron equipos de camping y navegación.

Curiosamente, todas esas ciudades nacieron de otros viajes que hicieron otros pueblos con libertad, sus historias están unidas por el movimiento sobre esas aguas que hoy recuerdan con exhibiciones de barcos y leyendas.

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