Mejor ni te cuento: Líquidos

Por Ana Cristina Bracho@anicrisbracho / Ilustración Yulia Pino@arte_moon88

Con frecuencia, las generaciones se lanzan dardos que cuentan que antes fue más fácil o que ahora lo es. Lo cierto es que la vida cambia mucho y parece que en los últimos treinta años lo hace con más violencia. En cierto modo, el mundo guardó algunas formas desde la Revolución Industrial y fue caminando de a poco hasta el siglo XXI cuando todo cambió y se volvió líquido.

Así lo entendía Zygmunt Bauman un sociólogo polaco que, en sus últimos años, fue tan conocido como un cantante de pop. Para él, si algo caracteriza este comienzo de siglo es que se trata de un suceder de continuos e irrecuperables cambios. Los humanos de esta época tienen que ser flexibles, aunque esto sea aceptar el látigo de la incertidumbre y de la ansiedad.

Por eso, pensaba Bauman, tenemos problemas para comprometernos porque el objeto que se vende somos nosotros, porque hemos de estar listos para cambiar todo cuando nos sea requerido y ese todo, son las ideas, el trabajo, las relaciones, el país, el oficio.

No hacerlo es fracasar. Es impensable pasar una vida en una misma silla, en una sola función, por un mismo salario. Se trata de “sentir el aire de los tiempos”, ir un paso adelante, querer todo rápido. Por eso, para algunos, hemos de fluir nosotros, no aceptar que la vida nos fluya y nos lleve, a su ritmo, por sus fases e incluso nos haga envejecer.

Estos son escritos previos a la pandemia y sus no tan sutiles cambios. En menos de dos años nos tocó aceptar taparnos la boca, tenerle aún más miedo al otro, trabajar a destajo, pagando nosotros los servicios necesarios para el trabajo. Por eso, él advertía lo peligroso que es que los que se vuelven líquidos no somos nosotros sino nuestros derechos.

ÉPALE 433