Mejorar la raza

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

“Para que vengan los hijos con plumas de pavo real”

En la novela de la tarde de Venevisión, Barbarita, indígena de origen humilde, luego de haber pasado palo parejo como sirvienta, termina heredando la fortuna del gran magnate del pueblo y le pare un muchachito al galán de la novela: un catirote con los ojos rubios y los dientes rubios.

Esta trama ha inspirado a muchas muchachitas a buscar empatarse con un catire, un gringo o un europeo y así tratar de “sacarles cría”. Entretanto, los machos vernáculos del barrio son devotos de “La Catira Regional” y el Miss Venezuela nos adoctrina tanto a hombres y a mujeres con el estereotipo del “deber ser”: alta, flaca, rubia y con cara de gafa. En dos platos: el objeto del deseo ha de ser catire.

Ligia Elena la cándida niña

En el colonizado imaginario de nuestras mentes, las familias de bien siempre buscan que sus hijas y sus hijos se unan a alguien de color más claro, billetera más forrada o mayor estatus. Esto quiere decir que el común denominador tiene la creencia subyacente del “pecado original”. Esto es, que vienen de origen pobre, negro, indio o todas las anteriores.

Incluso en los anales más revolucionarios, se suele aplicar la máxima marxista que mienta que de la burguesía lo mejor son sus tragos y sus mujeres: muy izquierdosos y tal, pero al final buscan empatarse con una rubia.

Una descolonización radical de los afectos surge así, cuando la prole se empata con alguien del barrio. Cuando el amor se consume por una campesina, o un afro alborotado.

Irnos al ADN

Podemos entender que la atracción a gente de raza caucásica sea consecuencia de las películas de Hollywood, las telenovelas y la publicidad de cuando Venezuela era chévere y sin chavistas. La lectura entre líneas de esta predilección afectiva se debe a que al aliarse con alguien de “raza superior”, se huye del yugo de nuestros orígenes mestizos.

Lo chistoso del asunto es que no es la blanca la mejor raza, sino la negra. Los negros tienen los mejores genes y los mejores cuerpos. Por otro lado, los indígenas tienen la piel más tersa y el cabello más sedoso.

Resistencia erótica

Es triste que sigamos creyéndonos inferiores a los europeos y sigamos subyugándonos en el terreno más sutil de los sentimientos y la atracción. Si realmente queremos honrar la resistencia de nuestros ancestros es hora de abrazar nuestra naturaleza mestiza y de dejarnos querer por los colores de la Madre Tierra.

ÉPALE 434