Mi corazonada

Por Humberto Márquez / Ilustración Erasmo Sánchez

No hay nada más pavoso que una corazonada, aunque a veces salen hasta buenas, por eso nunca está demás, cuando ellas se nos atraviesan en el camino. Como ya lo he dicho, Orlando Contreras es de los más sufridos cantantes de la historia musical del Caribe. De los cantos trágicos de Orlando, éste, del compositor cubano José (Pepe) Fernández Pérez, que grabó con el conjunto de Severino Ramos, autor por cierto del tema de la semana anterior; Yo Estoy Desengañado, y pianista y arreglista insigne de La Sonora Matancera, orquesta con la que Orlando nunca grabó, a pesar de sus vínculos familiares en su juventud, y de haber cantado incluso, un día que el cantante de planta faltó, en los tiempos que era el muchacho mandadero de la agrupación que dirigía Rogelio Martínez.

Orlando fue el jefe del despecho y le tocó vivir los sinsabores sentimentales. Es rudo para estas cosas del amor, cuando una vez más, una mujer se va: “Vas en busca de un fracaso y esa es mi corazonada, / allá tú si te cansaste del cariño que te daba. / Suerte que mi corazón en amores no se engaña / y él me dice déjala / déjala que se te vaya”. Recuerdo haber leído en Facebook una historia contada por uno de sus hijos, que su relación principal fue una mezcla de corazonadas y sueños premonitorios con su madre muerta, que le fue anunciando apariciones en conciertos, hasta que finalmente se casó con ella.

Pero la desdicha amorosa fue su destino fatal hasta que finalmente murió en Medellín, en extrañas circunstancias, a los sesenta y cuatro años. Los versos de José (Pepe) Fernández Pérez quedarían sonando en las rocolas, -de las que por cierto fue importador en Cuba, según crónica de Lil Rodríguez-, como una despedida más de una vida signada por la mala suerte en las cosas del amor o del desamor, que lo persiguió toda su vida: “No habrá flores, no habrá rosas / que mitiguen tus dolores / y en las noches sólo un eco / incansable te dirá / allá tú, allá tú / si te vas”.

ÉPALE CCS N°475

Previous article

Yo Estoy Desengañado

Next article

La Gran Tirana