Mi penúltima tarde con Earle

Por Ricardo Romero Romero • @itacanaufrago • artedeleer@yahoo.com

Cuando asumí el compromiso de escribir una columna semanal sobre libros, una vez que Mercedes Chacín acogió la idea de mi modesto espacio en Ciudad CCS, me dispuse a planificar con tiempo cuáles serían los títulos a comentar.

Tracé la meta de releer aquellas obras de mi afecto. Mis preferencias a la hora de hojear/ojear, son la poesía y la narrativa. Respecto a Arte de leer me he decantado por la poesía, aunque de vez en cuando se escapa
algún relato.

Elaborando mi plan, había recordado Penúltima tarde y otras tardes del tan querido ser que es Earle. Y digo que es y no que fue, porque el “profe” dejó una sólida obra y su voz sigue retumbando desde esas letras plasmadas en sus ensayos, crónicas y poemas.

Y pensé que Penúltima… tuviera lugar en enero 2022. Estaba en la lista de esos poemarios sobre los que hago apología. No imaginé que me tocaría adelantar mi breve nota acerca de los versos de un escritor trascendente al que conocí en persona.

Apenas me entero de su partida, vino a la mente, que una tarde antes de ese triste momento, se hizo presente en mí la obra de Earle Herrera.

El día de su deceso, tomé mi ejemplar publicado por Monte Ávila y su lectura fluyó bajo el aliento del natural de Guanipa, como si estuviera a mi lado, dándome una lección sobre la pasión de contar cosas.

Ausencias

Presientes la llegada

de otra ausencia

la palpas

te lacera

te da miedo

y no puedes huirle

porque adentro la llevas

porque nadie se ausenta

de su propio vacío.   

 

ÉPALE 443