Millonarios en las estrellas

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

Claro que tiene un aspecto positivo el caprichoso arrebato aeroespacial de los hombres más poderosos del planeta: no les va a alcanzar la plata para seguir financiando golpes de estado ni carreras armamentistas en los países del llamado Tercer Mundo. ¿Será verdad? Por ahora, en su inútil batalla por explorar el cosmos, se mantienen concentrados en gastar sus millones más allá de la atmósfera terrestre, desde donde pueden observar con detenimiento cómo luce el mundo sin ellos, invirtiendo para tal hazaña montos tan astronómicos en dólares que harían palidecer a la mayoría de las economías nacionales de la Tierra.

Son tres magnates aparentemente sin oficio: el estadounidense Jeff Bezos (Amazon), el sudafricano Elon Musk (PayPal y Tesla Motors) y el británico Richard Branson (Virgin Group y tristemente recordado por su aporte a la inestabilidad colombo-venezolana con el concierto Aid Live de la frontera). Los tres no andan luchando por resolver la vida de los más pobres, rescatar especies en peligro de extinción o salvar el Amazonas. Están combatiendo ferozmente por ver quién se adueña primero de la línea de Karman, pues si bien Branson ya hizo la primera escalada el domingo 11 de julio cuando orbitó en su nave a 88 kilómetros de altitud y por pocos minutos de ingravidez, y Bezos hizo lo suyo durante once minutos el martes 20 de julio, falta ver quién de los llamados “NewSpace” se mueve un poco más allá y por más tiempo, y además logra clavar su bandera empresarial en el vacío, impulsando el desfile de millones de dólares que augura el turismo espacial.

Por lo pronto, y antes de que parta la nave de Musk (de SpaceX) que tiene previsto despegar a finales de este año, un pasaje para un vuelo suborbital se puede reservar con entre 250 y 300 mil dólares. Branson, al frente de Virgin Galactic, avisó que ya tiene a unos 600 incautos del mundo, forrados de dinero, marcando el puesto para adentrarse en la loca carrera de los vuelos espaciales a la carta, como ya lo vaticinaba la serie animada Los Simpson en 2014, que por entonces parodiaba al inglés flotando en el aire como un rey pasmado.

La idea de adentrarse en la oscuridad del espacio exterior, como lo dibujaba George Méliès en su rupestre cine de ficción, fue alguna vez de los poetas, los locos y los soñadores. Este siglo XXI pandémico ha permitido que el mercado privatice una ilusión que ha inspirado a la civilización humana desde tiempos inmemoriales, poniéndole costos y estatus a la posibilidad de volar junto a las estrellas. Dicen que anuncia la desaparición de la NASA y el nacimiento de una nueva modalidad del show business, exclusivo para socios de un auténtico desperdicio, mientras millones de niños y niñas aún mueren por una razón tan primitiva como el hambre.

ÉPALE 424