Modesta

Por Ana Cristina Bracho • @anicrisbracho / Ilustración Astrid Arnaude • @loloentinta

Hay pasiones que son capaces de que el alma obtenga del cuerpo, lo que este no quiere dar. Así era el amor por la música de Modesta Bor, otra de las grandes, cuya memoria vemos preservada en placas que le rinden homenaje.

Esta margariteña era un prodigio de la música y su sueño era ser una famosa pianista. Un juego del destino se interpuso cuando iba en la carrera. Su sistema inmunitario comenzó a atacar su sistema nervioso periférico, lo que le debilitó fuertemente sus extremidades, siendo diagnosticada con el síndrome de Guillain-Barré. Tenía para ser una increíble pianista, el talento de nacimiento y los años de sacrificio, pero a veces la vida es así. Se detiene, se desvía, se desdobla, sin que una pueda hacer más que volver a nacer.

Bor en esa encrucijada no se va de la música. Sigue con ella, se va por la musicología que es la ciencia que la investiga desde una perspectiva física, psicológica, estética, histórica y cultural. Podemos imaginarla así, en una Caracas de mediados de siglo XX, sentada en el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, como Jefa del Departamento de Musicología. Lo que también la hace una pionera. Sigue sonando el mundo a sus pasos y ella va componiendo, quizás, era su piano que se le movía por dentro.

Pasan diez años, Modesta es ahora una señora compositora, una maestra. Lo dicen Vicente Emilio Sojo y profesores de Moscú, donde vuelve a escribir su nombre como la primera venezolana con un posgrado en música en el extranjero.

La vida sigue, como una melodía, el país vuelve a ella y la margariteña se ha hecho parte de la tierra firme, la recorre de coral en coral, de oriente al centro, como latiendo.

La música para ella, debía oler a tierra, saber a café y pintar ideas. Ella también hace política cuando hace melodías y defiende una bandera. La música venezolana le debe mucho a su mirada, a su tesón, a su amor. Lo descubres cuando su nombre suena cerca de músicos que al oírlo les brillan los ojos y les late el corazón.