Morela Maneiro: nací con la poesía

La poeta kari’ña se erige en militante ferviente de la cultura de su nación mediante la poesía y su coherencia cotidiana

                               Por María Eugenia Acero Colomine@mariacolomine                                           Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

Morela Maneiro irrumpió en el panorama poético con sus vocablos y figuras mitológicas kari’ñas. Esta joven ha puesto su comunidad muy en alto en cada participación lírica, y las imágenes de su pueblo las ha plasmado en los poemarios Ojos de hormiga (2007) y Los pasos de Marawaka. Su verbo sencillo y sentido conmovió corazones al punto de haber sido reconocida en el XXVII Premio Internacional de Poesía Nosside 2007, en Italia.

En el mes de la resistencia indígena, escuchemos la voz descolonizadora de Morela Maneiro.

—¿Cómo descubriste la poesía?

— Yo nací con la poesía. Vivo en la poesía y voy a morir con la poesía. Desde que nací me recuerdo poeta.

—¿Qué recuerdos tienes de tu infancia?

— Me recuerdo jugando en la orilla del río, en la playa. Un poema mío habla de los recuerdos de mi niñez, la luna, la comida. Recuerdo las colectas de frijoles, de los algodones. La cultura la tengo muy viva. Esa imagen metafórica está viva. Esa pureza, el “maldu” es para mí la pureza. Ese estadio de la niñez de la pureza.

Sin embargo, adquiero conciencia política de la poesía a los 11 años. El cuento de Hansel y Gretel me recuerda los cuentos de la literatura kari’ña. En mi niñez me robaba los tiempos de mis quehaceres cotidianos para leer. En vez de limpiar, estaba leyendo, y mi mamá me pescaba absorta leyendo en lugar de haber hecho los quehaceres. Así soy todavía (risas).

Haciendo labores domésticas cayó en mis manos la biografía del Che Guevara y lo leí sin parar. Con la lectura logré hacer una sincronía entre las historias de mi abuela y el mundo occidental. Por eso digo que nací poeta y me gusta.

Me gustan las mitologías kari’ñas. El cuento de los gemelos se parece a Hansel y Gretel. Esta historia es el eje transversal de toda mi vida.

—¿Qué valores de tu infancia aún traes contigo?

— El trabajo colectivo, la solidaridad, la producción: la importancia de conservar los bosques, las tradiciones, los relatos. Cuando te transmiten los cuentos kari’ña, te sientes inmortal.

Quienes nos tomamos en serio estas historias queremos que se mantengan vigentes.

Para mí lo más importante es preservar la cultura espiritual, y vernos como hermanos con los animales y las plantas. Tardamos muchos siglos en traer esta cultura, para venir a perderla en apenas 500 años.

—¿Qué es lo que más te ha costado de la vida urbana?

— Me ha quitado más del 50% de mi cultura kari’ña. Ya no soy la niña que estaba con valores en su comunidad. Como poeta he estado en una pelea interna contra lo pragmático. En mi casa vivíamos poetizando y aquí no se puede poetizar.

Lo mismo de la doble vida. Debo cambiarme de vestuario para hacer mis recitales de poesía, y debo vestirme de civil en la calle para que no me hagan daño. Rechazo todo tipo de dualidad maligna. Eso no es vida.

El individualismo no es de mi cultura. Trato de adaptarme, pero no logro cuajar con la vida urbana. Así que mientras, sobrevivo. No obstante, busco aportar en la construcción de una mejor sociedad. Soy una pequeña luciérnaga en medio de esta gran oscuridad.

—¿Cómo te presentarías a ti misma?

— Una mujer kari’ña con valores. Respeto mi cultura y la hago respetar con mis acciones.  Con el legado que estoy dejando. Me haría falta mucho tiempo para ver mi sueño concretado. Quisiera ver muchas vidas para ver reflorecer mi cultura que está marchita. Siento que no estoy dando todo para ver mi cultura reflorecida: los bailes, las danzas, la comida. Lo poco que hago es a través de mi poesía. Siento que es muy poco para mí. Todos los días hago algo para fortalecer mi cultura, desde el lugar donde esté.Así como me veo, quiero verme como mis abuelas que fueron respetadas por defender su cultura. Me veo como una mujer kariña digna de su cultura.

—¿Qué temas abordas

— El tema de la extinción. El amor a la tierra, la denuncia a la colonización, el destierro, la amenaza a los recursos naturales. El amor a mis hermanos presentes en mi cosmovisión: animales, vegetales. El amor a los espíritus que habitan en la selva.

También hablo del amor a mi cultura, a la creación y también del amor individual. La mayoría de los poetas que conozco suelen ser colectivos: no asumen la poesía de manera individualista.

—Háblanos de tus libros

— De hablar de muchos libros, me refiero mejor al libro “Ojo de hormiga”: son 50 poemas bilingües en español y kari’ña. Fue editado en 2006 por el Perro y la Rana. El libro fue premiado por el Perro y la Rana.

—¿Cómo ves a las comunidad kari’ña?

— Yo veo a  mi comunidad disgregada. Está amenazada por la nueva colonización. Los kari’ña están en decadencia: no encuentro artesanos ni trovadores. El 02 de noviembre los kari’ña celebramos el día de los muertos, pero ya casi no se celebra como lo hacíamos antes con comida y con danza. Los kari’ña venimos celebrando el día de muertos desde siempre, pero ya no se vive igual. Nuestro idioma y nuestros cantos se han perdido. Sin embargo, hemos hecho festivales para preservar nuestra cultura. Estamos haciendo esfuerzos por recuperar nuestra cultura.

Somos 52 comunidades kari’ñas en Venezuela. Sabemos de la existencia de otros hermanos kari’ña en la Guayana Francesa.

—¿Cómo defines la poesía?

— Yo la defino realmente como “shurupuo”. Esto es: la creación. Ahí me pierdo, porque tiene muchos caminos. La palabra“shurupuo” es la creación de muchos caminos. En esos caminos nos lleva a muchos puertos, a ese arcoíris. Esta creación me lleva a mis propios ojos.

Mi poemario significa la introspección de mí misma. Los ojos de hormiga me llevan a entender el amor, a comprender más a la madre tierra con sus hijos, sus hijas, a comprender mejor el nacimiento y el ocaso: entender la vida en un momento y un tiempo. La poesía nos enseña a no temerle a la muerte. La muerte es un estadio que nos lleva a otra existencia.

ÉPALE 435