Mueve un pie, y el otro lo sigue

Por María Eugenia Acero Colomine • @mariacolomine / Ilustración Erasmo Sánchez

Dice la palabra que en el principio fue el verbo. Sin embargo, todo parece indicar que lo primero fue más bien el cuerpo. Mientras la humanidad se iba adaptando al extraño arte de convivir en medio de un entorno hostil y peligroso, los movimientos, gestos y formas fueron nuestra forma principal de comunicación. De esos códigos originales, surgieron los ritos de paso para garantizarle a la tribu seguridad y protección. Por esta razón, muchas etnias recurren a la danza para agradecer las lluvias, despedir a sus muertos y pedirles favores a los dioses.

El baile es un lenguaje complejo que está asociado con frecuencia a lo sagrado. Una de las danzas espirituales más hermosas es la de los sacerdotes derviches que hacen movimientos en círculos concéntricos como una manera de conectar con la divinidad al punto de llegar a trances de éxtasis místico. Sin embargo, la danza no se quedó limitada al espectro de lo elevado, y el acompañamiento corporal de la música se convirtió en un código de comunicación para anunciar batallas, representar la belleza y propiciar la seducción.

El mundo baila  

Así, tantos ritmos musicales tiene el mundo como géneros dancísticos. En Vietnam, por ejemplo, existen unos bailes muy alegres, lúdicos y arriesgados, en los que los bailarines saltan unos bambúes al ritmo de la música. El reto es no golpearlos mientras todo el grupo baila. Los rusos, se agachan y suben las piernas con vigor para representar las tradiciones de su tierra. En Perú, los enamorados se cortejaban al ritmo del charango con la tuta qashwa. En Venezuela, todo el erotismo del Caribe se pone de manifiesto en las costas de Choroní ante el ritmo de los tambores. El baile también es una herramienta de combate, y podemos apreciarlo en prácticas como la capoeira y el garrote larense.

El baile como terapia

Cuando meneamos las caderas al ritmo de Richie Ray y Bobbie Cruz, estamos previniendo el mal de Alzheimer al poner a trabajar la coordinación. Por esta razón, es importante recordar que bailar no es una actividad exclusiva para los jóvenes. Todas las personas de cualquier edad pueden disfrutar del baile como una actividad de comunión, entretenimiento y ejercicio físico.

Un pasito para atrás, por favor

Ante las adversidades de este mundo tan atribulado, bailar es un acto de resistencia ante la tristeza. Cualquiera puede hacerlo, así no sepa. Si quieres salvar el mundo, párate y echa un pie.

ÉPALE 471