Mujeres en revolución: Los misterios de un poder revelado

El empoderamiento de la mujer no es un misterio ni un imposible: la revolución bolivariana ha abierto sus grandes alamedas para que ellas pasen: con falda, boquitas pintadas y un arsenal de conciencia

                                                Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                                  Fotografías Mairelys González@mairelysg27

¿Caracas?, falocéntrica, como cualquier ciudad. Ante la duda, el Faluco erigido en el corazón del cuadrilátero histórico del centro, hundiendo las formas tendidas de la urbanidad apaisada que nos remiten a la Caracas mujer, la de las techas rojas.

La lucha es antihegemónica y Caracas es puta y machista, al mismo tiempo; el yin y yang navegando en el caos, como intentaron definirla alguna vez las muchachas de La Brigada Feminista Latinoamericana, para justificar su militancia en torno a la juntadera, la aguantadera y la generación de conciencia.

Veinte años atrás este discurso se desinflaba en la entrada. Tenía poco eco, a menos que una pequeña vanguardia exótica mostrara su rostro abierto y desafiante, como expresión de una cruzada que por años se mantuvo relegada al trasunto de las cosas, gracias al dominio omnímodo del patriarcado.

Las sierpes del edén

Se mueven por Antímano, San Juan, La Pastora, Maracay, Valencia, Puerto Ordaz, San Cristóbal. Una logia que se esmera en revertir el impacto del imperialismo cultural, patriarcal, neoliberal, en su dominación simbólica sobre los espacios públicos y privados. Pero también, su efecto sobre la vida misma, como la violencia de género o machista, esa que gestó en Venezuela 256 casos de femicidios en 2020 y enero de 2021, según Utopix, y que –se calcula– en lo que va de año ha producido en promedio un femicidio cada treinta y ocho horas, según el Observatorio Digital de Femicidios del Centro de Justicia y Paz (Cepaz).

Ellas se cuidan entre ellas. Así reza uno de sus eslóganes en los territorios donde desarrollan propuestas de intervención gremial, espiritual y emocional.

Se rebelan: insurrectas, cimarronas, deslenguadas, chocantes, desafiantes. “Ni dios, ni patrón, ni marido” decía el lema de cabecera del periódico argentino La voz de la mujer, a finales del siglo XIX, y luego repetirían a viva voz las anarquistas de la España republicana.

Sus derechos constituyen una lucha que atravesó todo el siglo XX y se ha posicionado cada vez con más fuerza en el XXI. Hoy, es difícil hablar en términos de segregación sin ser mal visto, y lo políticamente correcto es incluir con plenitud de derechos a la mujer en cualquier ámbito, desde el político hasta el laboral; desde los cargos de gobierno hasta los de elección popular.

Chávez dixit

El patriarcado no es sino un estadio del capitalismo

Si bien el discurso las incluye, o más bien ellas se hacen escuchar, la Revolución Bolivariana detuvo su engranaje para asumir la poderosa presencia de la mujer más allá del imaginario, es decir, en el plano de los hechos concretos.

Chávez se declaró feminista, y con ello, tocó la puerta de la conciencia para que cada hombre, institución y circunstancia, se revisaran profundamente hasta encontrar los vestigios de sus rémoras patriarcales.

Emergieron nuevos feminismos: no uno, en singular, sino muchos en defensa de tantas causas como son necesarias en un mundo que las excluye no solo por ser mujeres, sino por negras, pobres, barriales, indias, etcétera. En Venezuela la variedad es la norma.

Feminismo en revolución

La Revolución Bolivariana ha tenido como bandera los derechos de la mujer, no solo como parte de sus propuestas de vindicación histórica y de clases, sino como signo distintivo de los tiempos.

El feminismo, en las últimas dos décadas, ha logrado posicionar en el imaginario de la lucha ideológica el concepto de igualdad de género.

En lo medible, se han hecho avances institucionales, como la creación del Instituto Nacional de la Mujer, en 1999, con María León a la cabeza; la Defensoría Nacional de los Derechos de la Mujer; el 0800-mujeres para la recepción de denuncias de mujeres violentadas; casas de abrigo para mujeres maltratadas con sus hijos; centros de atención y formación integral, etcétera, además de algunas disposiciones legales como la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, aprobada en 2007.

Mientras, aún tintinean –con la misma fuerza– las expresiones constantes del micromachismo, que se traducen en piropos y chistes lascivos, hasta el machismo abierto y excluyente en espacios laborales, con mujeres impedidas de tomar auténticas decisiones en un hipotético régimen de paridad.

Pero ellas se empoderan, no como una reacción aislada y espontánea, sino como respuesta natural, ejercicio sistemático de hacerse cargo de la organización social, desde el menudeo doméstico de casa hasta las grandes luchas de la calle y el día a día.

Se dijo, y es fácil de demostrar, que la mujer es la que enfrenta la guerra económica, la que lidia con la crisis, la emergencia, el desconcierto. Su ejemplo vivaz, las mesas técnicas de agua, los concejos comunales, las comunas. Una expresión que las identifica: “lideresa”, renueva la lengua y desmonta sustantivos anquilosados en el Diccionario panhispánico de dudas, para revitalizar la lucha.

La mujer, las mujeres, esenciales, aunque lleven las uñas pintadas.

ÉPALE 404

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