Nadie es perfecto

Por Pedro Delgado / Ilustración Justo Blanco

Cuando a la villa de Cooperstown, Nueva York, llegó la almohadilla de primera base del estadio Comerica Park (sede de los Tigres de Detroit), junto a los zapatos y la pelota usada por el pitcher de esa divisa la noche del 2 de junio de 2010, quizás el lanzador haya sentido cierta melancolía; esa nostalgia dejada por el recuerdo de lo ingrato que son ciertos momentos de la vida. Esto recordando la atípica forma de esos instrumentos deportivos haber llegado al Hall de la Fama del béisbol de las grandes ligas, luego del partido que en lo adelante habrá de recordarse irónicamente como el “juego perfecto de 28 outs”, y no el de los 27 que pudo haber elevado a la inmortalidad tal hazaña.

Ese encuentro de la temporada regular estadounidense, Tigres de Detroit versus Indios de Cleveland (3 x 0 a favor de Detroit), ante 17.738 asistentes en un lapso de 1,44 horas, a una temperatura de 73°F, hubiese dado la posibilidad del juego perfecto de menor tiempo desde 1965, el de menos lanzamientos al home (88) el segundo de un latino y el primero de un venezolano en la historia de las mayores.

Habrá de recordarse el estupor general ante la sentencia del umpire de primera base, Jim Joyce, declarando el safe en vez del out consecutivo número 27 visto por muchos y menos por él. Igualmente el asombro del público al ver al venezolano Armando Galarraga (ficha criolla de los Leones del Caracas B.B.C) enfilar su calma hacia el cajón de picheo a proseguir su labor con una sonrisa dibujando su rostro de 28 años, mientras que su paisano, el primera base Miguel Cabrera, si que entraba en la protesta. Una vez concluído el juego, la caballerosidad de Galarraga lo llevó hasta donde Joyce para hablarle y calmarle, luego de este haber visto su pifia por medio de un video.

La atipicidad de esta historia continuaría al día siguiente, cuando el manager de los Tigres, Jim Leyland, en nuevo partido entre ambos equipos, dio la papeleta con el line up a Galarraga para entregarla a Joyce ahora umpire principal. Este, al recibirla, no pudo contener las lágrimas recordando su error. Igualmente fue el hecho de recibir de manos del gerente de la General Motors, Mark Reus, un obsequio: las llaves de un convertible del año.

Este caso (dejando de paso una bonita amistad entre pitcher y umpire, incluso a escribir juntos el libro Nadie es perfecto), resultó un claro ejemplo para en lo adelante consultar videos en las jugadas difíciles.

ÉPALE 417