Nadie sabe lo que tiene

Por Humberto Márquez / Ilustración Erasmo Sánchez

De los grandes placeres sencillos de llegar a viejo, nada como despertar sistemáticamente casi todos los días a las tres de la madrugada. Luego de las estiraditas de rigor, ese recomendable ejercicio de estirar el cuerpo al despertar para facilitar la necesaria circulación de la sangre -las tiraditas quedaron en el glorioso pasado jajaja- despertar entonces y jurungar el celular a ver qué pasó por ahí, que el amor de tu vida perdió el celular y de allí su ausencia de dos días, y de pronto, por esa magia de las madrugadas, aparece este tema: Nadie sabe lo que tiene con la orquesta Aragón junto a la Orquesta de Adalberto Álvarez y su Son en el corazón de La Habana: Prado y Neptuno… trece minutos de charanga, violines, flautas en medio guajiras y son montuno, sublime despertar para comenzar la semana.

Aunque no sea bolero, el madrugonazo le da la licencia para este espacio, después de escucharlos tres veces, sin arrepentimientos. El numerito Nadie sabe lo que tiene es una retahíla de refranes y consejas populares que arranca con el clásico “el que no coge consejo no llega a viejo”, que el difunto Indio Sixto Llorente va tejiendo con experiencia y dulzura, sobre el estribillo inicial de: “Nadie sabe lo que tiene/ hasta el día que lo pierde”, en una sucesión de lecciones populares que nos alegraron el alma.

El Indio Llorente fue un sonero insigne, hilando el otro consejo, “quien tiene tienda, que la atienda sino que la venda”, o aquel para abrir el son montuno, “yo sé de la pata que tú cojeas”, y caer en lo de siempre, “supe que andabas diciendo que yo no la merecía… Tú la dejaste ir y yo la guardé en mi pecho”, esas cosas que pasan cuando alguien no sabe lo tiene, hasta que lo pierde… Pa’ la calle fuera de mi casa!

Hace años me invitaron al Festival del Danzón y quedó engatillada la última entrevista en vida de Rafael Lay director de la orquesta Aragón, en papel, que rescaté en la Biblioteca Nacional y en voz, un pedazo que me salvó de un casetico, Soruco, mi pana de Radio Nacional y lo digitalizó.

Llévatela guayabo ¡que el amor no pudo! Jajaja.

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