Nadie se lo imaginaba

Por Pedro Delgado / Ilustración Justo Blanco

Qué íbamos a saber nosotros, unos imberbes estudiantes de primaria, año 1962, cuál historia involucraba a aquel hombre que llegaba a la escuela José Gervasio Artigas, Catia, a impartir sus conocimientos de educación física.

¡Buenos días muchachos… hacer una fila… corriendo, vamos, corriendo…!

Qué podía imaginar el 6° grado “A”: los Brito, Sánchez, Márquez, Angulo, Seijas, Rojas, Castro, Castillo, Delgado… en cuanto a ese patizambo señor, años antes fajado sobre un ring de boxeo, con el rostro intacto en las tantas veces que hubo de hacerlo: ochenta y un combates; cincuenta ganados, veinticuatro derrotas y siete empates.

Cómo saber su pasado deportivo si nosotros, con nuestra adolescencia en ciernes, más pendiente estábamos de vacilarnos los suplementos de El enmascarado de plata; las tele películas del Llanero Solitario, Rin tintín, Furia, Lasie; las sonoridad de la Billos en la radiopicó; los pininos amorosos entre las bombitas del chicle Bozo y la onda The Beatles arrastrando a los plurales terrenos del rock and roll.

Ninguno de nosotros ni siquiera haber oído decir que fue el primer boxeador en visitar ensogados europeos (España, Inglaterra, Francia) por allá por los años treinta del siglo pasado, mucho menos cuando en Caracas, el 17 de marzo de 1935, le ganara a un supercampeón cubano: un tal “Kid Chocolate”.

¡Un, dos, un, dos, un, dos…!

Nadie en el salón se imaginaba que sus danzarines pasos hicieron figura y ritmo desplazados por la lona del Madison Square Garden de Nueva York (meca del espectáculo en los Estados Unidos de Norteamérica) en diciembre de 1939, siendo el primer boxeador venezolano en subir a ese escenario. Convertido ya en ídolo nacional, se retiraría el año de 1945.

Simón Chávez Regalado, “El Pollo de La Palmita”, nacido en Maiquetía el 28/10/1912, perdió el último round de su vida en Caracas, el 27/01/1994.

¡Siempre le recordaremos, profesor!

ÉPALE CCS N°475

Previous article

Así es que se gobierna

Next article

Médicos de cabecera