Nelson Anaya, productor musical: La música venezolana se está reabriendo camino

Gracias a su talento ha cosechado éxitos tan importantes como un Latin Music Award. Corresponsable del acento venezolano en la música urbana latinoamericana

                                        Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                         Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

Nelson Anaya es uno de esos fenómenos emergentes y silenciosos que se crecen casi a la sombra, sin destellos de artificio, pero cuya labor justifica la razón de ser de todo un gremio. En su caso, la música.

Dice Ruth Guhe, de la agrupación Curipaya, que Anaya es un digno hijo de Petare, ejemplo de lucha, esfuerzo y constancia para lograr sueños “con los que nadie estaba de acuerdo”. Él mismo se presenta: de madre ama de casa y padre mecánico, en los encuentros entre amigos de su papá comenzó a escuchar música y a dialogar sobre su razón de ser, lo que despertó su interés por el arte del ritmo y la armonía.

Formado académicamente en la escuela de música José Lorenzo Llamozas, en los talleres de formación cultural de la Fundación Bigott, la Fundación Trapatiesta de la UCV, el Sae Institute de Bogotá en la especialidad de Audio y Producción Musical y en la Academia Audioplace en Venezuela, no sorprende, pero sí produce admiración, que ya posea un premio Latin Music Award, un premio Pepsi, y el reconocimiento de la comunidad artística nacional e internacional por su importante labor de productor musical en el mundo hispanoparlante.

Es artífice de Anaya Music Group, un sello disquero responsable del impulso de la música urbana que entretiene a las audiencias de las principales ciudades del mundo.

—¿Cómo logras crear un sello disquero y por qué de género urbano-latino?

–Anaya Music Group es el resultado de años de acumular experiencia, de ensayar y de errar. Viví en carne propia las complicaciones de intentar hacer vida dentro de un género no tradicional, pertenecí a una agrupación de hip hop, eso me permitió poder analizar y entender el por qué se nos hacía tan difícil lograr el nivel que tenían otros géneros. Si bien el hip hop, el reguetón y el resto de los géneros urbanos tienen valores irreverentes y rebeldes cuando hablamos del negocio, pues tienen las mismas bases y se trabaja exactamente igual, con disciplina, responsabilidad, preparación, calidad, el arte separado de los números. Entre el 2008 y 2011 fue una etapa de preparación, en el 2012 nace Anaya Estudios, y no es sino hasta el 2018 cuando pasamos a Anaya Music Group. Así que decido ponernos al servicio de los géneros que nos permitieron nacer, urbanos y latinos.

—Muchos ingenieros y productores venezolanos están detrás del éxito del género urbano en el mundo de la música. ¿Tú eres parte de ellos?

—Existen ingenieros, productores musicales, compositores, arreglistas, músicos, intérpretes, entre otros, de nacionalidad venezolana, que han aportado y están dando el todo por el todo por mantener el éxito de proyectos musicales en el mundo. No solo en el reguetón, sino también, desde la música clásica académica, hasta la música tradicional-popular. Soy parte de una generación de profesionales que se atrevió a intentarlo, a proponer, a levantar la mano y decir sí se puede. En definitiva, y con toda responsabilidad me atrevo a afirmar que, sin el aporte de Venezuela a la música y al show business, desde la década de los ochenta y hasta nuestros días, la industria musical latinoamericana no sería lo que hoy día es. Continúo siendo activamente parte de esos profesionales que se esfuerzan por hacer las cosas bien, el éxito es solo una consecuencia.

—¿Te sientes cómodo en ese género?

—Como pez en el agua. Aunque mi formación musical estuvo más ligada a lo académico y lo tradicional, mi gusto por el hip hop, el R&B, ya estaban desarrollados. Por lo tanto, no soy ajeno a estos géneros un tanto irreverentes. La influencia de la música venezolana en el desarrollo del reguetón estuvo presente en sus inicios, suele ser un acercamiento natural, el reguetón venezolano tenía su propia sonoridad e identidad. En este momento, los géneros urbanos se han tornado tan globales, que es cada vez más difícil identificar de dónde viene o a qué país suena, salvo que sea producido con esa intención.

—¿Crees que es válido el debate sobre la calidad o no de este tipo de música?

–Si te refieres a la calidad técnica y que tiene que ver con el procesamiento del audio, es completamente válido e incluso necesario, considerando que tenemos unos estándares y un mercado cada vez más exigente, debido al avance de la tecnología y a las nuevas plataformas para distribuir y consumir la música. Ahora bien, si te refieres a un debate más filosófico y general basado en la calidad artística, considero que la razón de ser de la música es ser disfrutada, por lo tanto, siempre que exista un público que consuma y adopte tal o cual género, eso le da validez más allá de la postura que pueda tener cada quien como persona. Pasó con el jazz, pasó con el bebop, pasó con el rock, pasó con la salsa. El debate filosófico es eterno y generalmente nunca es conclusivo.

—¿Cómo llegaste al Latin Music Award?

—A finales del 2018. Obtener este reconocimiento fue el resultado de años de estudio, de investigación, de madurar un criterio sobre lo que está bien y lo que no respecto al audio, pero sobre todo de constancia y disciplina. Desde el 2012 cuando nos iniciamos con Anaya Estudios, nos hemos mantenido firmes en la convicción de entregar calidad, de cuidar cada fase del proceso de producción musical, de trabajar en función de aportar, de sumar, no de restar. Nuestro objetivo y misión no es ganar un premio u obtener un reconocimiento, pero así ocurrió y estamos agradecidos por ello. Como diría mi mamá, si tienes la ventana abierta, cuida bien lo que haces porque nunca sabes quien está viéndote.

—¿Qué pasa con la música venezolana a nivel mundial?

—La música venezolana, ya sea que nos refiramos a música tradicional o a música comercial hecha en Venezuela, se está reabriendo camino en el mercado internacional, ese mercado del que alguna vez fuimos líderes. La calidad y el talento siguen existiendo, pero nos ha tomado tiempo entender las nuevas formas de llevar el negocio, sin embargo, las nuevas generaciones se han adaptado más rápido y ya tenemos semillas que han dado fruto, desde un Dudamel en lo académico, como un C4 Trío en lo tradicional o un Jerry Di en lo comercial. El futuro de nuestra industria musical se vislumbra prometedor, no tengo duda de ello, solo resta mantener la constancia y la disciplina.

–¿Es un buen momento para la industria musical venezolana?

–Desde mi punto de vista sí, es un momento en el que la tecnología permite globalizar y difundir de manera más eficiente y efectiva lo que hacemos. No obstante, se requiere de un esfuerzo común y sostenido de quienes formamos parte de la industria, para volver a ensamblar y organizar lo que quedó, y agregarle lo que hace falta para desarrollar de manera sólida nuestra industria. Hoy día el público venezolano no solo está en Venezuela, esa es una puerta de entrada bastante grande.

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