Octubre: La tríada ancestral

                                            Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                                Fotografías Mairelys González@mairelyscg27

Un engreído Cristóbal Colón fue ajusticiado el 12 de octubre de 2004 por una multitud enardecida y harta del oprobio de la conquista, que desmontó esa maléfica imagen del pasado jactanciosa de su intrusismo desde unos jardines de la parroquia El Recreo.

Seguidamente fue sustituido, con justicia, por la triada ancestral que encabeza el Paseo de la Resistencia Indígena: el Guaicaipuro de Julio César Briceño con su Salto a la libertad, un gesto de guerrero épico en el centro de los altares, acompañado a su derecha por una Urimare de sensualidad voluptuosa y a su izquierda por un Tiuna con elegancia de escultura mitológica.

Envueltos en el ajetreo del centro geográfico de la ciudad, miran hacia el este escoltados por diez banderas que ondean con la soltura de la brisa de los tiempos, arrastrando cada 8 de diciembre olores a flores silvestres y tabaco repujado, tributos esenciales entre quienes se encomiendan a los arcanos de nuestras raíces físicas y espirituales.

Observan, sin querer, a los pies de la estatua de un Andrés Bello sentado y cabizbajo a pocos metros los novísimos street food trucks estacionados sobre los adoquines, un campo de paintball sobre la grama verdecita y un muro de climbing que rodean la fuente de la Plaza Venezuela y forman parte del tejido social de la Caracas esnobista y contradictoria que habitamos en este tramo del siglo XXI, donde casi todo se tarifa a dólar.

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