Pacheco: un friíto que no empapa

Una tradición que se sostiene de la memoria y el esfuerzo institucional de la Alcaldía de Caracas, nos recuerda que un señor arrastraba frescor y flores desde el Waraira

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografías Michael Mata@realmonto / Jacobo Mendez@jacobo.mendez

Pacheco es un frío que no mata, pero empapa. Es una brisa cruda que baja de la montaña junto al Capín Melao cuando apenas entra diciembre y con él las alergias y las chaquetas alcanforadas. Es una tradición estrecha, sincrónica y estacional que ha calado hasta los huesos, no solo por el frescor que irradia sobre la ardiente capital venezolana, sino por lo entrañable que llega a ser para la cartografía de nuestra fidelidad urbana. Llegó diciembre, prepárese para la Navidad, ármese el pesebre, viene el Niño Jesús, hace frío: bajó Pacheco.

Y Pacheco es un muchacho con cara de buena gente. Desde hace dos décadas Luis López, teatrero y animador sociocultural, ha encarnado para el rito institucional al personaje mítico, Antonio Pacheco, quien según la fábula durante la primera parte del siglo pasado, bajaba en diciembre desde la empinada Galipán de nuestro Waraira Repano hasta la plaza de La Pastora, con un arreo de burros cargados de flores para la venta. Con él, así lo estableció la grey caraqueña, comenzaba el frío navideño en la ciudad.

Pacheco es un frío que no mata, pero empapa. Es una brisa cruda que baja de la montaña junto al Capín Melao.

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Su barba, su sombrero de cogollo y su aire campechano son artificios que lo acercan a la estampa del labriego de quien nadie tiene idea exacta, por lo que muchos presumen que se trata solo de una leyenda más.

Se cuenta que el floricultor galipanero original descendía desde el Camino de los Españoles y entraba por la Puerta de Caracas, e incluso llegaba hasta la plaza El Venezolano o San Jacinto, donde antiguamente se asentaba un gran mercado con venta de flores, aves y víveres venidos de toda la región central del país. Algunos cronistas escriben que Pacheco realmente vendía sus flores frente a la iglesia de La Pastora tres veces por semana antes de seguir camino hacia el mercado de las Flores de San José, en donde junto a otros galipaneros terminaba de ofrecer su surtido. Dizque subía y bajaba con su bestia y sus manojos en repetidas ocasiones entre los meses de noviembre y enero, año tras año.

Desde hace dos décadas Luis López, teatrero y animador sociocultural, ha encarnado para el rito institucional al personaje mítico

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Pero, viejos habitantes de las estribaciones del también conocido como parque Nacional El Ávila, niegan el origen local del personaje y lo atribuyen más bien a una tradición oral sin fundamento histórico, lo que no ha impedido que cada vez que bajan las temperaturas en Caracas a fin de año la gente anuncie, abrigo en mano, que viene, llegó o está haciendo Pacheco, como tributo a una memoria perdida entre los laberintos del relato oral.

Antonio Pacheco puede que solo sea una leyenda urbana

Frío parejo

Este año, particularmente, la sensación térmica da la impresión de que el frío se instaló en la ciudad, esparciendo sus gélidos tentáculos hacia las zonas bajas donde se han registrado temperaturas de hasta 20 grados Celsius, lo que en términos concretos se traduce en un “friíto ahí” según los especialistas de Inameh (realmente no usan ese término, pero uno lo intuye).

En recientes ocasiones, las bajas temperaturas han tardado en llegar hasta avanzado el mes de enero (el más frío del año), entre otras razones por causa del cambio climático que juega descuidadamente con el tiempo hasta proporcionarnos aguaceros monzónicos en noviembre, olas de calor entre enero y febrero, frío en mayo, etcétera.

En este 2021 pandémico las chaquetas, suéteres, bufandas, gorras y demás complementos de corte inglés, han salido de los clósets para dejarse ver entre los moradores de una Caracas habituada a los contrastes. Gente ataviada con pashmina, botas hasta las rodillas, lentes de sol y tapaboca un sábado a mediodía, aunque parezca improbable, es una estampa previsible estos días en una urbe caliente y exhibicionista donde el escote reina.

Bufandas y gorros delatan la sensación térmica entre la población

Ningún Santa Claus

Luis López es licenciado en teatro mención actuación, pero eso no le quita encanto. Si bien no es el añoso abuelito tramontano que reparte el frío entre los caraqueños y caraqueñas cada navidad, lo presume. Como teatrero de calle y zanquista, de origen yaracuyano, se incorporó a la tradición en 2001 en La Pastora y luego con el grupo La casa del arcoíris, con quienes continuó la representación de la bajada de Pacheco gracias al apoyo institucional de Fundarte.

“Este proyecto ha sido maravilloso por tratarse de un personaje tradicional que en una época la gente estaba olvidando. No sabían por qué decían que estaba haciendo Pacheco, solo que era por el frío pero no que se trataba de la leyenda de un viejito que bajaba a Caracas a traer flores. De hecho hay gente que aún no lo sabe. El Ministerio de Educación ha asumido esta actividad como parte de su trabajo cultural y en las diferentes escuelas del Distrito Capital se escenifican ‘los pachequitos’ que también se ha vuelto parte de la tradición. En un momento se estaba viendo a este personaje como el Santa Claus venezolano, que aunque se parece no lo es”. nos cuenta.

Veintiún años encarando otra personalidad no puede verse solo como un ejercicio profesional. En algunos casos pasa que ese otro termina convertido en una especie de alter ego. Puede que a López le suceda igual, aunque se defiende diciendo que sentir el amor que la gente le tiene al personaje, que jura que la barba es de verdad, que sus modales al caminar, la voz entrecortada de hombre de campo y sus 150 años de antigüedad son auténticos, resulta portentoso.

“Lo vivo a plenitud. Siento su forma de ser, su hermosa energía positiva, su alegría, su forma dicharachera de lanzarle piropos a las mujeres pero no desde el deseo sino del te amo. Por eso cada vez que él regala flores quiere regalar felicidad, amor, belleza, y quiere que cada persona que cargue una flor lleve todas esas emociones a sus hogares y a donde vaya”, insiste López.

Una remozada plaza Bolívar y gente con tapaboca recibieron caramelos y flores

El 1 de diciembre pasado se le vio movido por un caballo chiquito que lo paseó en su carroza por los alrededores de la Plaza Bolívar, mientras lanzaba caramelos y flores a una multitud con tapaboca. Vociferaba su alegría por encontrarse una vez más repartiendo entre los habitantes de la Caracas de los techos rojos sus viandas de alegría, anunciando el arribo oficial de la navidad.

Escoltado por agrupaciones de parranda, diputados y las autoridades locales del municipio Libertador encabezadas por la alcaldesa recién electa Carmen Meléndez, se estacionó frente al ayuntamiento capitalino mientras Las voces risueñas de Carayaca interpretaban la hermosísima melodía decembrina, Azul el pabellón:

Azul, azul

Azul el pabellón

Que ha sacado al niño

Del altar mayor

Le costó un poco bajarse del vehículo improvisado, pero no perdió la oportunidad de pedirle a la mandataria local que le ayudara a repartir las flores para embellecer la ciudad, porque para eso era que había bajado. El jefe de gobierno del Distrito Capital, Nahum Fernández, tampoco perdió la oportunidad de arrimar un eslabón a la memoria reciente: a sus 40 años, recién cumplidos, recordó que hasta hace poco Pacheco bajaba con sus nubes y todo, esa túnica blanca y espesa que caía con la brisa gélida del amanecer o en el ocaso del día, cuando lo que provoca es andar abrazados para no pasar frío en diciembre.

Luis López, o Pacheco, cómo saberlo, se veía tan emocionado que hasta le temblaron las manos antes de agarrar su cesta y salir al frente a entregar sus flores con gestos de ternura a una ciudad que apenas despierta del extenso letargo de la pandemia.

Luis López lo encarna desde hace veintiún años. Su barba es falsa

ÉPALE 441