Papá-Papi, patriarcado o papaupa

Celebrando el día de los padres. Padre no es quien engendra si no quien cuida, enseña con amor y respeto

                                    Por María Alejandra Martín • @maylaroja                                               Fotografía Alexis Deniz • @denizfotografia y Freddy Hernandez • @herblaf

Como todos los años, el tercer domingo del mes de junio, las familias venezolanas se reúnen para homenajear a los padres y su rol, que hoy es ampliamente debatido en la sociedad. Sin embargo, aunque hagamos aquí un ejercicio por entender de dónde surgen los valores de ‘paternar’, no es una aseveración de que las paternidades en la actualidad son todas deficientes, necesario es entender de dónde vienen las cosas para tratar en esta vida que nos tocó, de ser más justos, conscientes y felices.

Paseos de la mano de papá

El origen

Si hablamos del origen de esta fecha, encontramos dos posibles dentro de toda la información que la Internet nos otorga. En Europa, se celebra el 19 de marzo por el cumpleaños de San José, padre de Jesús de Nazaret. Para los estudiosos del catolicismo, este día surge entonces para venerar y replicar la imagen del buen padre que fue José con su hijo Jesús.

También existe la versión norteamericana de Sonora Smart, hija de un soldado veterano de la Guerra Civil que quiso reconocer el valiente trabajo de su padre al educar a seis hijos solo, pues su esposa murió dando a luz. Comienza celebrándose de forma no oficial desde 1909, y siendo reconocida como fecha por el presidente de los Estados Unidos el tercer domingo de junio de cada año, a partir de 1924.

En el nombre del padre

“Cada familia en la iglesia es un reino o un gobierno en sí misma. El padre es el cabeza de este gobierno, es la más alta autoridad en el hogar, y preside sobre todas las funciones de la familia”. (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio).

En la sociedad padre le decimos no solo a quien engendra, paternar es también el rol establecido por la iglesia católica y otras religiones, que dota a sus miembros oficiales, de la cualidad de ser padre ante la comunidad y por ende la sociedad. Es innegable el peso que los padres de la iglesia han tenido al ejercer poder, imponer creencias y obrar (a veces mal) en nombre de la palabra de su Dios.

Esta perspectiva es interesante, porque entonces habiendo padre en la casa, y en la comunidad representado por la iglesia, se crea toda esta sociedad para algunos paternalistas y para quienes cuestionamos el obrar de los voluntaristas, patriarcales, con el cual la historia ha sido dominada por la mirada masculina a través de generaciones.

Si nos fijamos en la premisa principal: creer que el padre es la más alta autoridad del hogar, y quien preside TODAS las funciones de la familia, es un hecho de desigualdad ante el derecho humano, y ante una modernidad de mujeres con voz que ha influenciado hasta la forma de ver dicha paternidad, contradecirla e intentar generar una que vaya de la libertad, y fluya en los hogares con nuevos valores, y asumiendo que eso de que el padre preside TODAS las funciones del hogar, no es cierto.

Tarde de juegos con papá que llena el corazón

Papá yo quiero

En el mismo orden de ideas, la paternidad a través de los tiempos ha pasado por modificaciones en la manera en la que se piensa y se vive. Haciendo un ejercicio de memoria en cualquier hogar notaremos, como el padre de la generación de nuestros abuelos, (habiendo sus excepciones) es pintado como la autoridad, el sostén de familia, el hombre que lleva la comida a la mesa, pero poco se habla de lo feo, las violencias para imponer los criterios, la falta de contacto afectivo con los hijos , el poco respeto por las ideas y vidas de mujeres e infantes, y de las paternidades no asumidas, de los hijos bastardos ( que son su responsabilidad; primero por haberlos engendrado; y segundo por esto de que los padres son quienes presiden todas las funciones de la familia).

Desde el psicoanálisis Freudiano es representado bajo una figura de prohibición, resultado de una referencia hegemónica de autoridad. Freud resaltó más significativamente la función de la madre en el desarrollo del niño; de hecho, la clave en su teoría eran las experiencias tempranas del niño con la madre. Esta idea del amor materno y del vínculo madre e hijo ha permeado nuestra manera de entendernos en sociedad, teniendo como consecuencia la creencia de que maternar es instintivo, y la mujer que no desee tener hijos es una anti natura, y paternar no está asociado a ninguna vinculación afectiva, sólo moral, “educativa” y material.

Es importante reconocer entonces, que todas estas creencias fueron elevadas por pensadores hombres, arraigándose en la manera que vivimos, y generando mucho sufrimiento en las generaciones pasadas y aun en las modernas.

El amor que dura para toda la vida

Patriarcado

La feminista Marta Fontenla de Argentina, define el patriarcado como: “El gobierno de los padres. Históricamente el término ha sido utilizado para designar un tipo de organización social en el que la autoridad la ejerce el varón jefe de familia, dueño del patrimonio, del que formaban parte los hijos, la esposa, los esclavos y los bienes. La familia es, claro está, una de las instituciones básicas de este orden social.”

Para algunos hombres asociar la figura del patriarcado al padre, les dará horror, alergia o risas ignorantes y atrevidas. Pero es la realidad, y esta superestructura afecta no solo el ejercicio del derecho de las mujeres. Este sistema de dominación del mundo, ha influido en la manera en que somos hombres y mujeres en sociedad.

“Los mandatos de la masculinidad tienen tres principios básicos: preñar, proveer y proteger. De estos tres, se desarman las exigencias que tiene que cumplir un varón para llegar a serlo, entre ellas se encuentran la virilidad, la valentía, la fuerza, la ambición, la competitividad, ser exitoso (económica y socialmente), no ser débil, ser autosuficiente y ser heterosexual.” Jhonan Barrera, Humanista Argentino.

Esto sumado a la tradición histórica de la violencia, ser peones en la guerra, y estar en poco contacto con sus emociones, son el origen de toda una forma en la que se le ha enseñado a los varones a ser por siglos, desdeñando cualquier acto sensible, la capacidad para expresar las dolencias, penas, hablar de los problemas y la frustración, y estar entonces predispuestos a no formar parte del hogar afectivamente, pero sí a dar la cara por él, y poner el orden cuando llega de la jornada proveedora, a veces usando la fuerza.

Mi papá, mi mejor amigo

Nuevos caminos hacia la paternidad feliz

Creo que en la actualidad son más los hombres que han buscado por su propia vía contradecir estas generalidades, promoviendo paternidades más responsables, y acompañamientos a sus parejas más respetuosos y afectivos. La carrera por desmontar las violencias es un ejercicio de todos. Pero el hombre moderno debe cuestionarse su lugar en la historia y buscar formar en valores, con amor y aceptación a las nuevas generaciones. Las actuales y diversas paternidades o formas de ejercer la masculinidad, la motivación emocional del nexo con los hijos, entender que el cuidado del hogar; hijos, enfermos, ancianos y el propio, es algo de humanos y no relegado a las mujeres, y que son también funciones de la familia. Son algunas de las maneras de contrarrestar toda una cultura que nos ha traído consecuencias negativas por años.

Las paternidades responsables son sinónimo de infancias felices. Estar en contacto afectivamente con tus hijos e hijas marca una diferencia en sus vidas

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La paternidad puede ser asombrosa, puede transformarse, y en el marco de que entre humanos construyamos relaciones más sanas pasarán años, y esta tradición histórica, que señala al patriarcado como el sistema reproductor de la desigualdad, puede quedar en el pasado si como mujeres y hombres las cuestionamos, y entendemos que no existe una sola forma de ser mujer u hombre, y que para materna o paterna, una infancia feliz lo ideal es que este hecho sea consensuado. Está demostrado, ya que la presencia de un padre afectivo, cercano, repercute positivamente en su desarrollo psicológico, cognitivo y emocional, lingüístico, sexual, y moral.

Y es tarea de las masculinidades romper con el estereotipo de la paternidad irresponsable, ya que, para que se traen hijos al mundo si no estamos dispuestos no solo a criarlos y darles las comida, si no de brindarles herramientas para el manejo de las emociones, y para la superación, protección y amor, más que juguetes, y una pensión alimenticia, aunque esta última es la demanda de todo aquel bicho irresponsable que se llena de noches de placer pero poco se encarga de hijos.

Las nuevas generaciones combatiendo el mito de que las paternidades irresponsables. Cuando veas un hombre con su bebé, no lo felicites por ello. Está cumpliendo con su rol

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Lamento si la lectura no le resulta rosa, o inspiradora, pero es una mirada de cómo el padre surge en sociedad para imponer, y los tiempos piden a gritos un padre que esté dispuesto a escuchar, abrazar y construir en colectivo.

La tarea del cuidado es de todos

Las nuevas formas de paternidades positivas abogan por construir el vínculo con los hijos desde sus necesidades emocionales, para que los hijos se sientan protegidos y queridos. Mostrarle afecto, besos y abrazos, motivan el desarrollo de su personalidad, autoestima y seguridad. Establecer normas y límites acompañadas de explicaciones, y en el marco del respeto y la no agresión, permitir a  los niños/as participar en la toma de decisiones como dónde ir a comer, es escuchar su opinión. Practicar la escucha activa, entender y dar respuesta a sus dudas motiva su seguridad y su curiosidad por el mundo, adaptarse a sus cambios por edad, ya que a veces, la sobreprotección les corta la autonomía, tener paciencia, y hablar las cosas sin gritos, maltratos ni amenazas, evitar los descalificativos, comparaciones, burlas que atentan contra la autoestima de los hijos, involucrarse en las tareas del cuidado de sus pequeños, son algunas cosa que puedes hacer para mejorar la relación que se tiene con hijos e hijas. Estos esfuerzos no solo lo llenaran a él o ella de felicidad, si no que te harán a ti un ser más responsable, feliz y en contacto real con la crianza de los más pequeños.

Feliz domingo, a esos papis, papuchos o papaupas que reconocen la importancia de su existencia para sus hijos y ejercen su rol con igualdad y amor.

Desafiando el mito de la paternidad irresponsable

ÉPALE 465