¡Por aquí pasó compadre! En junio 1821…

Por Aldemaro Barrios • Red de Historia de Caracas / Ilustración Erasmo Sánchez

Alberto Arvelo Torrealba (Barinas 1905-Caracas 1971) escribió un poema que hizo carne y hueso a Bolívar en medio de su solemnidad y soledad histórica, lo reconstruyó en un verso corto que describe el entorno de un Libertador rumbo a la lejanía, al confín de sus ideas liberadoras, buscando la utopía de la libertad épica. Años después otro barinés de estirpe bolivariana hasta los tuétanos, lo revivió, Hugo Chávez, hizo de Bolívar al hombre cotidiano a través de su relato histórico político y de nuevo el pueblo venezolano lo asumió y lo puso al frente de sus memorias estoicas buscando la inspiración para los tiempos actuales, cuando Bolívar nos visita de nuevamente en la memoria de Caracas.

Hoy evocamos al Libertador entrando a Caracas el 29 de junio de 1821, su acogida fue apoteósica, por el camino de las Adjuntas hasta Antímano lo esperó una muchedumbre de pueblo caraqueño que salió a su encuentro, mujeres, hombres, niños, con flores, coronas y guirnaldas que iban dejando una estela de colores ante el paso de la Guardia de Honor y la caballería que acompañaba al Libertador, así llegó triunfante a Caracas de nuevo.

Fueron días de celebración y de alegría, el encuentro del ejército libertador con el pueblo de Caracas, en aquella concurrencia de Bolívar con su familia y sus amigos allegados pero sobre todo con el pueblo caraqueño, lo mismo hicieron algunos de sus edecanes acompañantes y sus soldados caraqueños que habían dejado a sus seres queridos guardados en la memoria antes de salir a combatir junto a Bolívar en el oriente, en los llanos, en los andes, en el occidente donde lograron sobrevivir la barbarie de una guerra que aún no concluía.

Era el corolario del triunfo extraordinario de una campaña como Carabobo, pero a pesar de la alegría desbordada en Caracas esos días, el Libertador debía pensar y diseñar la consolidación del estado-nación que era Colombia, hasta ese momento con Venezuela y Cundinamarca, así que su pensamiento estaba en el sur y en el gran proyecto para integrar la provincia de Quito y el resto del Virreinato de Perú, más grande aún, unir a un continente.

A su paso por aquellos caminos de gloria a orillas del Guaire y del Anauco lo vieron campesinos, labradores, mujeres descalzas, algunos todavía esclavizados pero admirados por la prestancia épica de quien se atrevió a escribir al Congreso de Cúcuta la necesidad de legislar sobre el asunto de la liberación de los esclavizados. Igual que cumplir con lo acordado en Trujillo en noviembre de 1820, como ocurrió con la captura del general realista Pereira que huyó por las actuales montañas de la Colonia Tovar hasta que capituló en La Guaira el 14 de julio de 1821 y a quien Bolívar concedió todos los derechos humanos consagrados en el Tratado de Regularización de la Guerra.

De nuevo y siempre, los barineses, Alberto Arvelo Torrealba el que escribió y Hugo Chávez que lo recitó, nos lo traen a diario: Aquí va su estampa sola: grave perfil aguileño, arzón de cuero tostado, tordillo de bravo pecho. De bandera va su capa, su caballo de puntero, baquiano, volando rumbos, artista, labrando pueblo, hombre, retoñando patrias, picando glorias, tropero.

Para seguir leyendo: Alberto Arvelo Torrealba. La poesía como épica popular. Editorial El Perro y la Rana. Caracas, Venezuela 2018. Disponible en: http://www.elperroylarana.gob.ve/wpcontent/uploads/2017/01/la_poes%C3%ADa_como_epica_popular_1.pdf

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