Por una retrospectiva de la industria musical en Venezuela (I)

Por Mónica Mancera-Pérez • @mujer_tambor / Ilustración Jade Macedo • @jadegeas

¿Ha existido industria musical en Venezuela? ¿Cómo ha sido nuestra movida en el ámbito de la música? Tuve la fortuna de ser parte de un equipo ejemplar en el año 2015, en el parque cultural Tiuna El Fuerte, para el desarrollo de la investigación documental en el marco del proyecto Plan Nueva Industria Musical en Venezuela. El equipo Tiuna El Fuerte se planteó una revisión para dar una mirada de lo sucedido en nuestro país, bien para dar giros o bien aceptar que así somos, y sobre estas constantes, poder generar modelos de gestión que nos permitan avanzar y, ¿por qué no?, vivir un giro en la cultura que está en cambio constante, en mutación perpetua de formas culturales, tal como indicó en una clase que tuve la dicha de hacer con el maestro Luis Britto García en laUnearte.

En los años cincuenta del siglo XX venezolano, Maracaibo -entre 1955-1959- como parte de la cultura rentista se convierte en pionera de la movida del rock debido a que los hijos de los petroleros gringos llevaban discos del género a la ciudad durante sus vacaciones, mientras que las empresas discográficas, las disqueras como RCA-Victor y Palacio de la Música funcionaban ofreciendo un porcentaje de las ventas del disco al artista. Este porcentaje era muy bajo. En esa época las agrupaciones o artistas que más ganaban recibían un tres por ciento de la venta de cada disco.

Mientras eso sucedía, en los inicios de la democracia representativa y con una constitución que da cuenta de las líneas de la IV República, bajo el mandato de Rómulo Betancourt que se caracterizó por la aplicación de medidas de rebaja del gasto público, reduciendo el sueldo y salario a los empleados públicos en un diez por ciento, desde la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (Sacven) proponen la Ley de Derecho de Autor para 1963, publicada en Gaceta Oficial número 823, para reformar la normativa legal de 1928 en materia de propiedad intelectual.

En esa década del sesenta, las empresas discográficas trabajaban endeudándose con los talentos que producían el disco. Esto consistía en que pagaban solo cuando recuperaban la inversión, según sus números de venta, pero esa inversión nunca existió. El último en la fila por cobrar era el artista.
En el próximo En Foco seguimos en este hilo para vernos y de considerar las posibilidades de dar la vuelta de tuerca.

ÉPALE CCS N°477

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