Préstamo Circulante: Mujeres y pandemia

                                              Por Esmeralda Torres@esmetorresoficial                                                  Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

Haciendo inventario del saldo positivo que me dejó (o me está dejando) la pandemia, quiero comenzar enumerando la cantidad de lecturas realizadas durante estos meses de restricciones. Y es que con el silencio planetario de las primeras semanas, con pocos recursos, numerosas noticias nefastas y mucha angustia interior, había que hacer algo. Lo mejor habría sido, como de hecho lo fue, ocupar la mente mientras durara el viaje por ese océano sombrío y desconocido y casi siempre voluble, que nos ha arrebatado a tantos seres valiosos. En mi caso la respuesta era fácil porque además de conexión de Internet, tengo una modesta biblioteca que me permitía leer. Para ello no necesitaba exponerme, lograba olvidar la realidad circundante y me generaba endorfinas, por lo tanto, estimulaba mi sistema inmunológico. Pero leer no era suficiente, me dije, tenía que leer mujeres. Aprovechar la oportunidad para intentar zanjar el boquete cavado durante años. Entonces tomé una punta al azar: Olga Tokarczuk, Liliana Heker, Hebe Uhart, Selva Almada, Lila Meruane, Valeria Luiselli, Shirley Jackson, Flannery O`Connor, Ana Blandiana, Joyce Carol Oates, Liliana Guerriero, Pilar Quintana, Piedad Bonet,  Nell Lleyshon, Adela Fernández, Elena Garro, y la que quedará para siempre entre mis amadas, la narradora y periodista argentina Mariana Enríquez. Expresamente he decidido no mencionar a las venezolanas y no incorporo en esta lista ni a las poetas, ni a las que ya había leído con fervor como, Clarice Lispector, Virginia Wolf, Cristina Peri Rossi,  Jumpha Lahiri, Samantha Schwebling y Ana Lydia Vega, a quienes he releído con sumo placer.

Entonces, haciendo balance, tengo como centro de estos días: mujer y pandemia. Y no exagero si lo afirmo: el tema tendencia es la mujer. Las estadísticas de los asesinatos, feminicidios, trata de blancas, desapariciones. Nuestras luchas a favor del aborto legal, gratuito y seguro, nuestras victorias y la intención del mercado en general y el editorial en particular, de usarnos a como dé lugar para fortalecerse a nuestra costa. A mí el tema de Carmen Mola, (uno más) lejos de disgustarme, me ha causado gracia. Y al no ser un recurso novedoso, porque las primeras que lo usamos fuimos nosotras, me da por asegurar que los tres escritores que se enmascararon detrás de un brassière y una untada de labial, no son ningunos monstruos, ni atentan contra nuestras conquistas. Además la treta valió para burlar al mismo enemigo.

ÉPALE 347