Que la tierra te sea leve

Detrás del mercado con el mismo nombre, se encuentra el Cementerio General del Sur. El 2 de noviembre, día de los muertos, fuimos a conocer las experiencias de esos familiares que se reúnen con sus seres queridos y lo más icónico de este lugar

Por María Alejandra Martín • @maylaroja Fotografías Alexis Deniz • @denizfotografia

Venerando a quienes no están

Nuestra latinoamericanidad está compuesta por una serie de sincretismos o símbolos que se confrontan entre lo religioso, lo pagano y que a veces pasan desapercibidos. Ese conjunto de celebraciones con influencia católica de nuestro calendario, adaptadas y transformadas por el imaginario colectivo de un pueblo, cuentan con elementos que poco le agradan a la iglesia.

Y es el caso de que en el calendario católico el 1 de noviembre corresponde al Día de Todos los Santos y el 2 de noviembre al Día de los Fieles Difuntos, fecha en la que en varios países de Latinoamérica, incluyendo Venezuela, los seres queridos que ya partieron conviven con los vivos quienes los van a visitar en el marco de venerar su transitar por esta tierra.

Aunque el referente más claro que tengas sea quizás el de la película infantil que explica el fenómeno en México, Coco, el día de los muertos se celebra en Venezuela, como en el resto de Latinoamérica. Esta tradición se ha ido adoptando con los años, siendo entonces un día de visita a los cementerios y de reencuentro entre vivos y muertos.

Reencontrarse y abonar el amor a quienes ya no están en este plano

El Cementerio General del Sur

Dentro de la cultura de la Venezuela hispánica y en especial a partir del siglo XVIII y XIX, el velatorio y entierro de los muertos tiene una connotación religiosa sobre lo que a de dar santa sepultura a los feligreses cristianos se refiere.

Es así como para 1876 surge la necesidad de planificar panteones, nichos y organizar el conjunto de 246 hectáreas que fue la inauguración de la obra del Cementerio General del Sur, que abre sus puertas el 5 de julio de 1876 con Antonio Guzmán Blanco en la presidencia y que está ubicado en la avenida principal de El Cementerio con calle El Degredo en la parroquia Santa Rosalía, al oeste del municipio Libertador. Al final del bulevar de esta transitada zona comercial, a la vista de todos, se reúnen en santa sepultura ilustres venezolanos como: Raimundo Andueza Palacio, Juan Pablo Rojas Paúl, Miguel Otero Silva, Carlos Delgado Chalbaud, Andrés Mata, Martín Tovar y Tovar, el general Ramón Centeno, Victorino Ponce, Juan Antonio Pérez Bonalde, Látigo Chávez, Anacleto Clemente Bolívar, Rómulo Gallegos, Argimiro Gabaldón, Fabricio Ojeda, Aquiles Nazoa, Andrés Eloy Blanco, entre muchos otros.

Visitantes aprovechan para limpiar las lápidas de sus familiares

El irrespeto a sus difuntos

Siendo poco más de las ocho y media de la mañana ya nos encontrábamos en la puerta del cementerio del sur. En los últimos años dicho cementerio ha sido motivo de múltiples discusiones ya que por su condición geográfica y los pocos esfuerzos que se generaron para la seguridad y resguardo de los vestigios corpóreos de quienes allí reposan, las quejas y denuncias por el saqueo de las tumbas, altos niveles de inseguridad para quienes lo visitan y falta de mantenimiento a las infraestructuras, han mitificado al Cementerio General del Sur y deshabitado sus espacios.

En territorio “hostil” y con mucho prejuicio, inició el transitar por sus hectáreas ante la mirada curiosa de los asistentes. El panorama pinta de otra forma en la opinión de cientos de familiares que aun sabiendo la condición del espacio no pierden la costumbre de visitar, echarle agüita, llevar flores, limpiar y acompañar a su seres queridos; es impresionante como ahora gracias a la tecnología hay quien hasta se va con su almuerzo, brindis y corneta portátil en mano, a compartir con devoción y celebrar a su allegado.

Su entrada adornada con una fuente central, es lo primero que ves, en ella muchos recogen agua para emprender la caminata hasta la parcela familiar. Niños y adultos te ofrecen el servicio de llevarte el agua por 5 Bs, las flores rondan los 8 Bs, y son varios los servicios de agua, café, dulces y hasta cervezas que se consiguen al caminar.

Con flores y globos contemplando con cariño la lápida de su hijo, hablamos con Laura López: “Yo tuve que pedir que me lo cambiaran, claro tuve que pagar para que me lo trajeran. Allá arriba donde él estaba no había condiciones para pasar, eso me tenía preocupada. Aquí donde lo pusieron, está mejor”.

En las más de doscientas y pico de hectáreas existen sectores del cementerio que se encuentran retirados. Popularmente conocida como “La Peste”, la loma del cementerio del sur, en la que cuerpos delictivos saquearon las tumbas para la reventa de algunos enseres y se cree también que dicha profanación tiene algo que ver con ritos religiosos ligados al espiritismo.

Varias urnas han sido profanadas por la delincuencia

Juan Lovera, un trabajador ambulante comenta: “Al cementerio le han metido mano recientemente, después de que pasó lo del “Coki”, antes para acá no se metía nadie, ni la policía, ahorita ya se puede transitar, mucha gente ha pedido cambiar de parcela al familiar, porque se preocupan de que los roben”. Sin ir muy lejos en cada parcela las lápidas rotas, estatuas decapitadas, letreros de “Fue profanada”, saltan a la vista. Y es que aunque parezca inaudito, la delincuencia no le tiene miedo ni a los vivos, ni a los muertos.

Aunque se puede transitar y se comenta que se han abierto caminos entre las calles que por la lluvia dividen las parcelas y se llenan de barro, han limpiado los terrenos de maleza y al menos en este día hay bastante presencia policial; la dificultad de pasar por lápidas flojas, entre tumbas, para llegar al nicho del ser querido, representa aún una caminata de riesgo. Necesario es incentivar los esfuerzos por la restauración de este espacio, la correcta vigilancia del recinto para la paz de los familiares que quedan en vida y que son afectados al enterarse de que una tumba familiar fue saqueada y de los muertos a quienes no se les respeta. Es triste pensar lo difícil que es convivir en una sociedad en donde hasta nuestros rituales de vida y muerte son irrespetados por el otro u otra que desprovisto de toda empatía y espiritualidad, atenta contra la sepultura.

Miembros de la directiva del recinto nos comentaron de la reciente inauguración del crematorio de El Junquito, en donde se busca brindar una solución ante un fenómeno que en la actualidad y en función a los costos de vida representa una platica.

Algunas maravillas del cementerio

Con la necesaria reflexión anterior, el día de los muertos hicimos también un recorrido por los panteones más icónicos que albergan virtuosos venezolanos de nuestra ciudad; el contraste arquitectónico, en el que coexisten capillas al mejor estilo gótico, lápidas forradas con cerámica ya que su mármol antiguo ha sido saqueado, hasta panteones modernos al mejor estilo cubista, el cementerio del sur de nuestra ciudad cuenta con una diversidad de formas de “vivir la muerte”.

En rejas para su resguardo y en donde reposan los cuerpos de más de cien miembros de la comunidad judía, el panteón dibuja en cada una de sus lápidas la estrella de Israel.

En torno al Mausoleo de Joaquín Crespo, construido en 1898, quedan sus ruinas saqueadas, una imponente capilla con un árbol frondoso a su entrada y en el cual orbitan en danza nupcial al menos centenas de golondrinas, uno de los ejemplos más hermosos de mi recorrido y que en su interior -donde dicen que duermen vivos-, su techo es una muestra de frescos criollos.

La tumba de Carlos Delgado Chalbaud también ha sentido los embates de los saqueos.

Las lápidas dedicadas a las infancias con globos, juguetitos y flores, un bonito referente para recordar a los angelitos que ya no nos acompañan.

Los panteones dedicados a los Bomberos o a la Guardia Nacional, son un poco más minimalistas, obras limpias en honor al servicio.

Personajes históricas fueron sepultadas en este cementerio

En la entrada a la izquierda destaca el área donde reposan los restos de varios de los líderes de la Revolución Bolivariana: Lina Ron, Robert Serra, Jorge Rodríguez (padre), Eliézer Otaiza, Aristóbulo Istúriz, entre otros.

Las tumbas antiguas con daguerrotipos o fotografías iniciales empotradas en la lápida.

La icónica escultura del rostro del artista Carlos Ruíz Chapellín, cineasta, showman, con el que se nombró al popular sector “Chapellín” en la zona residencial de La Florida.

Y por último de quien más me sorprendió aprender, los restos de Martín de Jesús Falkenhagen Ramírez (1965 – 1983), quien en vida fuera un tachirense, bachiller de altas calificaciones, estudiante de La Pastora. Solo vivió dieciocho años y tras su muerte se le considera una figura milagrosa para quien solicite favores de salud o académicos, en su tumba bien cuidada por quienes le tienen fe. Reposan junto a sus restos, placas honoríficas, títulos de grado de muchas y muchos a quienes Martín le ha concedido milagros.

Este cementerio no es cualquiera cosa, y aunque en la actualidad hemos ido migrando las formas de ver este proceso que es la muerte, con el auge de la cremación como otra forma de dar paz a los restos, las fosas seguirán existiendo y son para los muertos… aunque yo de muerta, no tenga nada.

Lugares arquitectónicos son vistosos en el lugar

 

Épale 484