Reconocer la fragilidad entre varones también es un acto revolucionario

La articulación entre el FCI y el colectivo La Frágil generó una jornada de Masculinidades y Patriarcado que se llevó a cabo en la Unearte

                                  Por Niedlinger Briceño Perdomo  • @colectivatejedora                                 Fotografía Alexis Deniz • @alexisdeniz

Los espacios solo de mujeres cada vez toman más fuerza y sirven para pensarnos, sanarnos y tejer nuestras historias con la intención de cortar con patrones machistas que se van reproduciendo día a día. Pero ya está, este contenido que leen hoy es acerca de ellos, los varones.

Empiezan a montarse en los patines para transitar un camino doloroso porque, al igual que nosotras, son víctimas del sistema patriarcal, con la diferencia de que son quienes lo ejercen de forma naturalizada y legítima, con privilegios que cuesta reconocer para lograr cuestionar y transformar.

La sala Aquiles Nazoa de la Unearte fue el escenario donde dieron apertura al acercamiento con sus fragilidades, secuestradas por el mismo sistema que les enseña desde niños que “los hombres no lloran”.

La jornada la llamaron Masculinidades y Patriarcado, un espacio coordinado gracias al tejido orgánico que se viene dando entre el Frente Cultural de Izquierda (FCI) y el colectivo La Frágil de Paraguay, con la llegada del psiquiatra y antropólogo, Agustín Barúa, a Venezuela.

Callar y escuchar

Cuentan varios que Agustín se presentó, no como profesional académico, sino más bien como ese que: “también ha ejercido violencia machista y viene a compartir desde la experiencia”. “Creo que eso tan sutil, fue la clave para que no armara la coraza en cada uno de los que estábamos ahí. Si hubiese venido desde una postura ejemplarizante y moralista, más de uno se hubiese cerrado”, así me contó Ericson Longa.

También relató que el segundo momento de la jornada le pareció un ejercicio interesante porque fue ese tiempo donde no se les permitía intervenir, solo tuvimos la palabra nosotras, las compañeras. “Fue algo así como diciendo: guárdense el falo, muchachos”.

Atravesados por la violencia

Es muy cierto que los varones están enseñados, y por ende aprendidos, desde la violencia. En el caso de Samuel Morales, uno de los participantes, esto le “resonó con todos los momentos donde me ofrecieron coñazos y me negué a pelear”, porque realmente a ellos les enseñan a defenderse y no solo eso, sino también a cayapear y someter a otros y otras. “Muy pocos espacios existen donde no tengamos que competir y pelear, hablar tranquilos, bajito y rozando con el umbral de llorar”.

Él afirma también que los varones no tienen herramientas psicoemocionales para reconocer sus sufrimientos y mucho menos sus sentimientos.

Conceptos como: virilidad, heteronormativa, heterosexualidad presumida, transfobia, homofobia, misoginia y amor romántico salieron a flote, reconociéndolo en las prácticas cotidianas.

Reglas del juego

“Todos nos acoplamos a la dinámica, a las reglas del juego, por así decirlo”, mencionó Ericson. Agustín planteó que en estos espacios: “1. No hablamos de las mujeres. 2. Circulamos la palabra. 3. Escuchamos la experiencia del otro. 4. No refutamos al otro. 5. Resonamos con el otro al recibir algo que nos comparte. 6. No teorizamos. 7. No hablamos en genérico (los varones, los venezolanos, etcétera.) 8. Hablamos en primera persona.

Varios de los que se encontraban en el espacio forman parte de organizaciones políticas mixtas, como por ejemplo Calistenia Cultural, quienes hacen vida en la parroquia Coche, y el FCI que tienen trabajo territorial en la Comuna 5 de Marzo Comandante Eterno, ubicada en El Valle. Para seguir militando con las compañeras se hace necesaria la revisión de sus prácticas del ejercicio del poder en espacios políticos que deberían ser seguros para construir juntos y juntas la vida digna que pasa por la equidad e igualdad de género.

Por más de esto en Caracas

Debo decir que me costó un poco abrir la puerta de la sala para presenciar lo que estaba pasando ahí dentro; a decir verdad, me imaginé a todos queriendo tomar la palabra y hablando uno más fuerte que el otro, teorizando y buscando la razón en sus historias de vida, pero, para mi sorpresa, no hubo ni una pizca de eso, presencié escucha activa, empatía y mucha serenidad. Además, nosotras las mujeres teníamos chance de presenciar solo el segundo momento de la jornada, eso me agradó porque se van permitiendo encontrarse en mandalas o círculos de varones.

Manuela Sánchez fue una de las compañeras del FCI que estuvo en el segundo momento, y en su intervención decía que siempre nos ha tocado a las mujeres acompañar el proceso de ellos, es decir, nos ha tocado maternar de alguna u otra forma, cuando ejercen la violencia sobre otras y otros, y mencionaba Agustín que si son acompañados por ellos mismos difícilmente podrán identificar y reconocer las prácticas, esto se debe al espacio de enunciación.

Yo me quedo con esta máxima: “Ni expulsión, ni complicidad” en los espacios de construcción política.

Hasta aquí llego y cedo la palabra a los varones que me leen hoy.

Masculinidades sensibles vs Patriarcado

ÉPALE 444