Padres diversos: Recuerdos de mi papá

Por Xiomara López / Correctora

Cuando escribí la vez pasada sobre mi mamá, sabía que también nos pedirían hacerlo por papá. Era impelable. Así que lo asumo y comienzo con la frase de mi mamá: “él quería tener un equipo de béisbol”, aunque con ella solo tuvo seis. Es posible que más tarde haya conformado el equipo, no lo sé pero lo sospecho.

Con entusiasmo recuerdo los viajes que hicimos de niños a las playas de La Guaira, Margarita, Puerto Cabello (de donde era oriundo). Allí nos enseñó a nadar, a pescar, a adorar el mar, contrario a la de mi mamá que le tenía pánico y veía todo el tiempo olas gigantescas y peligro inminente.

En esos paseos no faltaba la música para “no quedarme dormido”, lo que nos obligaba a cantar con él el repertorio completo de sus casetes, en su recién instalado equipo de sonido. No faltaron las paradas en Morón o Macuto para comer unas deliciosas empanadas, ni tampoco los retos a la velocidad en su camioneta que mantenía impecable y cuidada (por su profesión de mecánico), y en donde siempre nos preguntaba: ¿quieren que llegue a cien? Y nosotros, sin sabernos cómplices de su tortura hacia mamá, gritábamos: “cien, cien, cien”, y entonces nos asomábamos a ver en el velocímetro aquella aguja llegando al tan ansiado cien, gritábamos entonces eufóricos como si hubiéramos establecido un récord mundial. Impelables las visitas a casa de su mamá en Maracay los fines de semana, que entendimos después era un pretexto para rumbear y caerse a curda con sus hermanos y una vez más, fastidiar a mamá. Era fanático de Felipe Pirela, cantaba con él, lloraba sus tristezas, su mala suerte en el amor y casi siempre terminaba curdo oyendo ‘Pobre del pobre’.

Mi papá se alejó de nosotros, apenas adolescentes, mi mamá desde entonces asumió el papel de madre-padre y se encargó de llenar aquel vacío que dejó. Ella supuso que ya estábamos grandes para entender el por qué de su partida, así como lo enrarecido y pesado del ambiente con su presencia. Todavía mis hermanos, sobre todo los varones, le guardan rencor por haber “huído” de aquella manera. Quizás, al dejarla, se separó de ella, debió entonces cumplir con sus responsabilidades de padre y no lo hizo. Se desapareció del mapa sin saldar con nosotros sus hijos esa deuda pendiente. Nunca quiso divorciarse. Hace tres años Luis murió un día de los enamorados.

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