San Agustín del Sur: El barrio se pinta de guaguancó

Una poderosa iniciativa de participación artística y comunal se teje entre las calles de la combativa comunidad caraqueña, donde alguna vez reinó la impronta crítica del Grupo Folklórico y Experimental Madera y hoy heredan muralistas y cultores

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Mairelys González

Cuando ella observó la rayuela trazada en el asfalto de las dos de la tarde, no aguantó la tentación de saltar las casillas en el orden escalado de nuestro tradicional pisé. Al coronar el cielo, de espaldas a las torres de Parque Central y flanqueando una de las paredes del teatro Alameda, recibió la ovación de un grupo de mujeres que detuvieron la áspera labor de pelar las verduras del sancocho para tributar su audacia con el aplauso honesto de la gente sencilla. La alegría natural del barrio, pensó ella medio apenada, medio orgullosa de su pequeña revuelta sin importancia sobre el lomo invisible de un infantil Pegaso.

San Agustín del Sur, al menos en ese intermedio solar que llaman la plazoleta del Afinque de Marín, bulle como un olla de presión. No es para menos: se juntaron las mujeres con su voz de mando envuelta en terciopelo azul; los muralistas con la tintura de su osadía enlatada en spray; Lázaro y Sultán ladrando a mansalva y olisqueándose los traseros; mil niños realengos jugando con un perro de peluche y cobijados por la espesura de la calle; el fotógrafo Félix Gerardi congelando las fachadas en cada clic; Noel Márquez, Reinaldo Mijares y Agapito Hernández gravitando sobre la estela de la memoria, y la gente, en fin, fluyendo con la alegría brutal del Caribe a pesar de la esfera viscosa del gel antibacterial.

Los niños del barrio traslucen la belleza profunda del pueblo

Parece que todos están en lo mismo y no es así. Cada quien anda navegando los mares de su propia Ilíada. Por ejemplo Pichón hace fintas de sparring y nos pasea por su extraño museo de cosas rotas o descompuestas y objetos curiosos, como una perinola gigante que nadie ensarta, ni siquiera la periodista de RT Nathali Gómez que se conformó con observar como Sol Roccocuchi casi se arranca un dedo. De pronto y deteniendo el tiempo en porciones de mar revuelto, una mujer asciende una calle con un pez inmenso a cuestas, cual personaje de una novela de Ernest Hemingway, hasta internarse en los vericuetos de piel rugosa de un sendero que asciende hasta el cielo.

Provoca decirlo y que no suene a que ya se ha dicho antes: el barrio está que arde, pero no por los sucesos de sangre ni el fuego cruzado que invoca hasta el hartazgo la prensa escandalosa, sino por la tinta y la tramoya, la poesía y la espontaneidad, el alma y las aceras.

Color y vida se tejen al costado del teatro Alameda

Afinque de murales

En San Agustín andan pintando las paredes. Se dice fácil pero llegar hasta aquí necesitó la sonrisa perlada de la urbe para seducir a la provincia y suscitar el éxodo de varios curiepeños que levantaron casa hasta resbalar y formar pueblo, como escribió Orlando Araujo. La rebeldía del pueblo y la represión oficial de los años sesenta y setenta que dio origen a las conchas y a la guerrilla urbana. La música enlatada y la voz profunda de las tradiciones barloventeñas para parir al grupo Madera. La salsa. Jacobo Penzo y su documental sobre los conciertos del Afinque de Marín. Las descargas de los barrios. La tragedia cocida en las pailas del infortunio. El mural histórico del Madera que hace homenaje a los caídos en las aguas del Orinoco en 1980. La gente levantada en revuelta para recuperar su teatro en 2004. La organización social, las mesas técnicas, la revolución bolivariana. Chávez.

En las calles de Marín bulle la vida.

Reinaldo Mijares, uno de los principales voceros de la iniciativa, nos explica que todo apunta a algo mucho más ambicioso: el plan 100% San Agustín 2030, con el fin último de consolidar una marca de identidad que permita revertir los estigmas barriales y alcance, bajo el concepto del “punto y círculo”, para revitalizar el entorno a través del turismo, la gastronomía, la música, las tradiciones. Ya se alcanzó, hasta cierto límite, con el Cumbe Tour gracias a la obra del Metro Cable y la comunidad organizada, y pretende seguir con el Guaguancó de colores que no es sino continuar con “la militancia por la belleza” que él enarbola como bandera.

El proyecto de intervención urbanística no solo es un homenaje al grupo Madera, sino un aporte de gestión pública

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Este guaguancó, nacido en 2015 en el mismo cuadrilátero donde se grabó el corto de Penzo que tanto conmovió a la opinión pública salsera del Caribe y Nueva York, consta de la sumatoria de distintos colectivos e individualidades creativas de Caracas como Pablo Kalaka, Juancho, Ramón Pimentel, Forastero, Comando Creativo, BravoSur, muralistas del Frente Francisco de Miranda, Colectivo César Rengifo, la 5ta Pata, etcétera. El apoyo de la Alcaldía de Libertador que aprobó recursos para la compra de materiales. La sinergia de cultores, músicos, amigos y vecinos emparrandados, sumados en jornadas artístico-comunitarias que tributan al proceso de alianza vecinal con un nuevo impulso a partir de 2020 como para sacarle la lengua al coronavirus.

Adicionalmente se contabiliza la inversión en asfalto, iluminación, mobiliario urbano, etcétera

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El proyecto de intervención urbanística no solo es un homenaje al grupo Madera, sino un aporte de gestión pública que incluye a la plazoleta y sus tres calles principales, hasta convertirlas en un gran territorio recuperado para beneficio de las 1.400 familias que habitan el entorno, niños y niñas, jóvenes y visitantes de dentro y fuera el país, como el inefable Erik Fonseca, el presentador de la televisión rusa que recientemente se dio una paseada por las mieles de la Caracas profunda. La revitalización del entorno incluye la creación de nuevos murales y muros como una galería de cultores y cultoras que rindan homenaje a la impronta artística, cultural y deportiva de San Agustín.

Adicionalmente se contabiliza la inversión en asfalto, iluminación, mobiliario urbano, etcétera, de cara a otras iniciativas como el Guaguancó de colores y sabores, una propuesta socioproductiva de largo alcance.

El homenajeado grupo Madera

Acción participativa

Para el historiador y cronista Agapito Hernández, se trata de un espacio con los mismos fines desde que se hizo habitual para la descarga de los salseros del mundo desde finales de los setenta.
Desde la tragedia del ochenta recibió la bendición de la nostalgia para convertirse en espacio memorioso, detrás del teatro la Alameda que fue recuperado durante la gestión revolucionaria hasta devolverla impecable a los amantes de la cultura.

Los murales expresan la ciencia afro del barrio

“Más allá de los murales también ha habido algo interesante que es la mejora de las aceras, las calles, etcétera, que me parece muy bueno. Pero se deben respetar las imágenes que están declaradas patrimonio cultural. Como el mural del grupo Madera que ha generado una polémica enorme. También el espacio de la Cruz de Mayo que me dicen va a ser colocada casi en el sitio donde está actualmente. Lo otro que tienen que ver cómo solucionan es la recuperación de la gruta de la virgen de Fátima que en el proceso de la reconstrucción de la Alameda fue eliminada. Yo he solicitado y sigo solicitando que eso no desaparezca, que le busquen un espacio para su reconstrucción porque es tradicional y está en el catálogo patrimonial del IPC como objeto cultural de la ciudad”.

A San Agustín sí hay quien la ame y la defienda. A diferencia de otros territorios de la ciudad, deconstruidos para el desarraigo y la pérdida total de su identidad de manos de la violencia, aquí se siente la fortaleza del amor propio para imponer la esperanza a los relatos de la urbe gracias al amable rostro de la cultura.

Entre muchos otros, los arquitectos Marcos Coronel y Gabriel Visconti del Grupo Urbanístico Pico, tomaron parte en la iniciativa y propusieron la metodología de trabajo de la “arquitectura participativa” con la que han recuperado distintos espacios como la cancha de usos múltiples, donde ha florecido otro rastro poderoso de la comunidad: el deporte.

El Grupo Urbanístico Pico intervino en la recuperación de la cancha

ÉPALE 419