Sariyibel Abreu: La poesía nació en mí

Esta joven poeta encontró en la escritura un refugio para la libertad, la imaginación y la creación, que hace tangibles a través de su militancia y compromiso social

                                Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                      Fotografía Michael Mata@realmoto

Más allá de las causas por la igualdad, se encuentran hombres y mujeres notables que no solo resaltan en su cotidianidad por enarbolar las banderas sino que buscan reivindicaciones pertinentes para la dignidad y el buen vivir. Muchas y muchos militantes por nuestros derechos humanos también están hechos de diversas y hermosas facetas que los convierten en seres integrales, y revolucionarios por hacer de sus vidas un ejemplo y una inspiración.

Un@ joven perteneciente al movimiento sexodiverso entra dentro de esta categoría de personajes legendarios. Sariyibel Abreu no solo ha hecho un trabajo comprometido de cara a contribuir con la reivindicación de los derechos humanos de la comunidad LGTBIQ, sino que además ha desarrollado una carrera muy prolífica como poeta. Además de escribir versos, hace agricultura urbana en los espacios del Nuevo Circo.

Conozcamos un poco más sobre la voz poética de Sariyibel Abreu.

—¿Cómo fue tu proceso al descubrirte sexodiversa?

—Realmente me descubrí desde que estaba muy pequeña. Recuerdo imágenes de fantasías que tenía cuando estaba en preescolar, cuando tenía cuatro o cinco años. En esos momentos me sentía como un niño. Fue al crecer que entendí que era una niña. Cuando exponía mis gustos, percibí un rechazo a las personas que eran como yo. Fue cuando empecé a guardar silencio aun cuando me sintiera como un niño y me gustaran las otras niñas.

—¿Cómo llegaste a la poesía?

—Llegué a la poesía también en mi niñez, cuando tenía alrededor de nueve a diez años. Me gustaba mucho leer y compartir lo que leía. Luego de eso empecé a rimar y se me hizo algo muy natural. Yo no diría que yo llegué a la poesía, sino que ella llegó a mí.

—¿Cómo ha sido tu trayectoria poética? ¿Cómo ves la creación poética en Venezuela?

—Escribo desde mi niñez. En el liceo compartí parte de mi poesía, así como en la universidad. En la universidad me invitan a varios eventos, también empiezo a participar en recitales y micrófonos abiertos. En 2015 empiezo a compartir mi poesía más formalmente en el Prostíbulo Poético. Participé en el Festival Mundial de Poesía, el Festival Nacional de Poesía, el Festival Poético del Sur, en los recitales de Al Final del Bulevar. Desde 2015 he estado más activa. He ganado reconocimientos en tres concursos poéticos en España en 2017 y 2018.

En Venezuela hay poetas muy buenos, como Pérez Bonalde, Ramos Sucre, y muchos otros que no han tenido difusión. Veo que la poesía en Venezuela no tiene difusión ni espacios propios, especialmente para quienes hacemos una poesía diferente. Los poetas son vistos como mano de obra de segunda. Hay mucha segregación política. Los poetas aleatorios quedamos segregados de esa polarización. Debería despolitizarse la poesía y abrir espacios para los poetas emergentes, y así dejar de ver a la misma gente siempre.

—¿Qué temas abordas en tu poesía?

—Abordo principalmente la crítica social: reflexiones, alguno que otro tema de amor, la poesía erótica. Abordo temas como la desexualización de los cuerpos, poesía feminista, hacia nuestra madre tierra, hacia las minorías excluídas, el desplazamiento forzado, la guerra, la muerte. Veo mi poesía como una narrativa insurgente, que tiene esa sed de expresar, confrontar y problematizarnos un mundo.

—¿Quiénes son tus referentes literarios, poéticos, filosóficos y espirituales?

—Marx, Engels. Helena Blavatski, Sigmund Freud, Karl Jung, Luis Brito Figueroa y su libro “Historias de Venezuela”. Poéticamente: Rimbaud, Ramos Sucre, Cortázar. Me gusta El Tuki Ilustrado, André Bretón. Filosóficos: Platón, Aristóteles, Heráclito, Kant, Maquiavelo, la hermenéutica de Hegel, Heiddeger. He leído bastante. Espiritualmente, soy Hare Krishna, y mi mayor referente espiritual es Krishna y su capacidad de amar y de practicar el Bhakti Yoga. También Jesús de Nazareth, Siddhartha, y entono el Daimoku: el “Nam Myoho Renge Kio”.

—En cuanto al tema de la sexodiversidad, ¿Cómo ves a la comunidad LGTBIQ actualmente? ¿Qué logros celebras, y qué desafíos les falta por superar?

—La veo como una comunidad que está creciendo al margen. A pesar de que actualmente haya una aceptación, en materia jurídica se nos limita y se nos coacciona en el desarrollo de nuestra expresión. Veo que nuestra comunidad se levanta cada día para salir adelante, pero choca con un sistema conservador. Celebro que se haya derrocado la ley de Vagos y Maleantes, que en algún artículo de la ley popular se nos nombra, que nos mencionan en la ley de Crímenes de Odio y que hay más apertura en las comunidades. Actualmente, una pareja sexodiversa puede caminar de la mano en la calle sin ser condenada. Podemos celebrar la concientización de la sociedad venezolana y de la apertura. Creo que a nuestra comunidad no nos hace falta superar nada, sino el estado: su discriminación, miedos y sentido conservador. Tienen que dar apertura a un nuevo sistema legislativo.

— Cuéntanos de tu experiencia en el Nuevo Circo

—En Nuevo Circo tenemos un espacio agrícola denominado La Ecopatria Ojos de Chávez. Un espacio que se desarrolló con el movimiento agrourbano Siembra Venezuela. Se instalaron 14 conucos en 14 urbanismos de la GMVV en toda Caracas. El espacio estaba abandonado, y la comunidad nos invitó a asumir el espacio. Actualmente estamos en ese proceso de recuperación.

—¿Qué le ha aportado a tu vida el trabajo de la tierra?

—El trabajo de la tierra me ha creado una sensibilidad y me ha ayudado a sanar todo lo contaminado de este mundo. Sanar cada herida que ocasiona la materialidad.

—¿Qué otras áreas creativas y políticas abordas en tu vida?

—Practiqué circo, hago malabares y pulsadas. Bailo danza contemporánea y  tradicional: joropo y danza indígena y afro. La danza está bastante marcada en mi vida, así como la pintura y la actuación. Con la Brigada Feminista Latinoamericana hemos desarrollado teatro y performance feministas.

—¿Te sientes realizada?

—Es una pregunta compleja. Creo que es muy pronto para responderla. Hay cierta satisfacción cuando volteo atrás. Soy muy feliz, mi familia me respeta, me acompaña, me apoya. Tengo una pareja que me acompaña. En mi trabajo me ha ido muy bien, así como en la militancia. La realización personal es como una subida de escalera: es un proceso. Pero me siento muy bien y muy feliz de ser el ser que soy. Hay más apertura a los seres no binarios.

—¿Qué hace falta para vivir poéticamente?

—Sentir y observar el entorno sin prejuicios. Tener la capacidad de encontrarse con el otro, reflejarse en el otro. Para vivir poéticamente, hace falta amor.

—Qué mensaje deseas darle a la comunidad de Épale Ccs?

—Les recordaría a las personas que todos somos importantes en esta vida. Aunque haya dificultades, la calma y la estabilidad se encuentran dentro de cada uno de nosotros. No debemos limitarnos ni sentirnos culpables. No tenemos que lastimarnos ni autodestruirnos. Estamos en un mundo violento que nos ha enseñado desde la dominación, el miedo, la culpa. La invitación a deconstruirnos, explorar y conocer.

ÉPALE 420