Si el poeta eres tú

Por Aracelis García Reyes • @araagar1

“La poesía da más timidez que el cuento, que el ensayo, es algo más sublime y por ser más sublime tú estás cerca de la cursilería o la ridiculez”

Earle Herrera

(De la entrevista que le hiciera Ernesto Villegas
el 15 de noviembre 2020)

 

Aquel 30 de septiembre, me asomé sin querer queriendo a El Gardeliano, ese bar donde  el mismo Gardel se llenara de aplausos el 25 de abril de 1935 y que ahora me dejara un poco sorprendida porque el de los aplausos era el profe Earle. Allí entre las mesas con floreros espumeantes, se escuchaba con atención y cierto orgullo aquella pantalla de Tv  de fondo rojo, desde donde el poeta Earle Herrera, tenía su participación en el XV Festival Mundial de Poesía, a 199 años del poema Mi Delirio Sobre el Chimborazo.

Serio, leyó de principio a fin unos textos dedicados al Sur,  que arrancaron cumplidos y silencios y que luego fueron aplaudidos de pie cuando concluyó. Allí no era el profe, ni el periodista, ni el diputado, ni el humorista, allí será recordado entre aquellos murales con fotos de Gardel, como el poeta Earle.

Al sur, canto al sur nos trajo el sur de Mario, a quien le dedicó el libro que descubrimos entre bitores de quienes gritaban: “bravo camarada” y de quienes confesaban haberlo tenido de profesor, fueron los aplausos que el poeta no escuchó en el frio set de Tv, pero de los cuales doy testimonio, pues a lágrima suelta escuché con atención: “Buscaron el paraíso terrenal/ buscaron las Amazonias en el sur/ buscaron El Dorado en el sur/ buscaron la eterna juventud/ todo eso encontraron en el sur/ menos el sur”. Se refería el poeta a la existencia del sur de Benedetti, a quién ofrendó con aquella extraordinaria lectura, pero también al sur de Anzoátegui de su natal El Tigrito.

“La espina del sur son mis espinas/ los maderos del sur son mis maderos/ si el sur es condenado/ los clavos del sur serán mis clavos/ pero también serán tus clavos…” entre el público que disfrutaba una fría, surgió una mujer que dijo a viva voz ¡qué arrecho poeta! ¡Viva Earle, Viva el poeta! Y sentenció: “tu palabra será mi palabra y si te toca la cruz contigo la cargaré”. Aquella frase la recordé cuando vi salir el cuerpo poético del poeta diputado de la Asamblea Nacional hacia su última morada física. Entre el público que se concentró en las afueras de la AN, creí reconocer el acento oriental de aquella mujer que no paraba de gritar: “Tu cruz es mi cruz”.

Uno y otro poema fue escuchado con la profundidad que le impuso su lector, no hubo pretensión de recital, los poemas se defendieron por si solos y con la profundidad que ameritaba aquel bar en que nos encontramos el profe y yo, sin habernos citado, sin sabernos encontrados, escuché su Delirio en el Sur, la última alocución poliética a la que asistí sin ser invitada y en la que me sentí como en la sala de la casa de San Bernardino.

Salimos de El Gardeliano con una alegría extraña, de esas que se parecen a una tristura. Carabobo bajo palabra, fue su despedida, el fuego poético que selló su celebración al Bicentenario de Carabobo. Unos cantaban a Gardel, otros boleros y a mí la única canción que se me prendió en el pecho fue el Himno de la Federación. Cada quien bajo su palabra y su canto atravesó el túnel de El Calvario, bien entrada la noche y sin miedos como corresponde a una noche poética.

No hubo cursilería, ni ridiculez, hubo poesía, queda el poeta. Aquí te esperamos con tu alegría de siempre porque los poetas vuelven, siempre vuelven.

ÉPALE 443