Sopa de pata de pollo

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

Hay gente tan metida en el barroco caribeño, como Sol Roccocuchi, que exige que esas patas lleven las uñas pintadas. Otra, espera las extremidades cartilaginosas nadando en el contubernio asopado para absorber el tuétano, apelando al socorrido acto de chuparse los deditos hasta borrarle las huellas digitales.

Lo cierto es que la sopa de pata de pollo ha devenido en un cocido milagroso, remedio infalible y domesticado contra el coronavirus, cuyo aspecto gelatinoso asquea, los huesitos inquietan, las uñas producen repelús, como si no fuera otra extremidad más, de las tantas piezas de animal que degustamos con profundo gozo en nuestra abominable carrera por la carne animal y sus derivados.

Okey, no es el aséptico Carvativir presentado como gotitas milagrosas por el mismísimo presidente Nicolás Maduro y bloqueado de cualquier indulgencia científica por las redes sociales y los gobiernos enemigos. Pero tampoco es la malintencionada AstraZeneca que, impulsada con fe ciega (y muchos dólares del lobby farmacéutico) desde la Organización Mundial de la Salud, anda repartiendo trombosis por el mundo con la promesa de salvarnos del SARS-CoV-2.

Lo más bonito es cuando te lo recomienda una doctora cubana de buen ver, a la salida de la sombría prueba rápida contra la Covid-19 en tu CDI de confianza: “qué volá, asere, no cojas lucha: métele cinco patas a un agua hirviendo, 3 zanahorias, 1 plátano verde, papas picadas, media auyama, 2 cebollas, 4 dientes de ajo, 2 ajíes dulces y la sal que quieras. Dale candela, 35 minutos, y ¡ño, colorín, colorao!”.

La conjuran las abuelas, eternas cheerleaders de las recetas del conuco que por años han usado ese menjurje adherente y repulsivo (pero delicioso, si hay buena sazón), para equilibrar las hormonas, reducir la presión arterial, rejuvenecer la piel, regular el metabolismo, acelerar la cicatrización de las heridas, aumentar las plaquetas, reforzar el sistema inmunológico, ampliar la producción de glóbulos rojos, combatir gripes y catarros, menguar el mal de amor, abrillantar el bigote adolescente, reducir el deseo de los maridos por la mujer ajena, etcétera.

El colágeno, según los expertos, es uno de sus mayores atributos a la salud, así como el aporte de un aminoácido llamado cisteína, que puede adelgazar el moco de los pulmones y hacerlo menos pegajoso y más fácil de expulsar, contribuyendo así en el combate de los cuadros sintomáticos del virus.

Por si no fuera suficiente, dice el faculto Juan de Dios: que una pata de pollo bien fresca, una vela negra y la foto de la persona en cuestión, sirve para uno de los hechizos más poderosos del universo espectral. Asegura que es lo mejor para destruir a un enemigo, a un vecino, a un marido que abandonó a una mujer, y a una suegra que te molesta. Vade retro, porsia.

ÉPALE 410

Previous article

Inteligentes

Next article

En blanco