Sylvia Mendoza: mi trabajo es mi fuerza

Esta prolífica artista y cultora asegura que sus ansias de seguir luchando vienen de su pasión por la creación

                                 Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                 Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

En este país existen héroes y heroínas que han logrado maravillas sin hacer mucha bulla. Tal vez la modestia de llevar a cabo su apostolado de luz en silencio les haga seres particularmente excepcionales y especiales. Sylvia Mendoza pudiera ser parte de esa raza particular de paridores de patria, que dedican su existencia entera para la construcción de mañanas más bonitos y coloridos para todos.

Con 81 años, la energía de Sylvia es la de una niña enamorada: su voz contundente, y al mismo tiempo profundamente tierna nos inspira a sumarnos a construir junto a ella, y a no dejarnos vencer por el absurdo. Sylvia es una mujer que ha trabajado incansablemente por la construcción de belleza y la creación de espacios culturales a lo largo de su nutrida trayectoria como actriz de teatro, directora y cultora. Fue una discípula muy querida por César Rengifo, y ha llevado a cabo numerosos proyectos culturales a beneficio de muchos. Creó el grupo MARA: el Movimiento de Artistas Revolucionarios, y acaba de abrir la galería Chiminia en Barquisimeto.

El espacio se queda muy corto para retratar personajes como Sylvia, pero disfrutemos aquí de parte de su testimonio de vida.

—¿Cómo se define Sylvia Mendoza?

—Soy la directora general del MARA, el Movimiento de Artistas Revolucionarios y Antiimperialistas. También trabajo con el grupo de Teatro Alternativo Sylvia Mendoza, en Caracas. Hemos hecho una labor importante y continua. Soy una mujer de 81 años, y creo que la mayor fortaleza es mi trabajo. Todavía tengo mucha fuerza y mucha energía, gracias a tanta mente positiva que toda la vida me ha acompañado. A estas alturas de mi vida, voy a cumplir sesenta años en el teatro.

—¿Qué te inspiró a militar políticamente?

—Empecé en la Escuela de Capacitación Teatral, en la UCV. Tuve como profesores a César Rengifo, de historia del arte y del teatro, Humberto Orsini, de actuación y dirección; Rafael Briceño, de dicción. Llegué a Caracas en 1962, en plena época de la guerrilla. Con esa cantidad de profesores que tuve la suerte de contar y mantener su amistad hasta la muerte, pude madurar mi ideología, mis estudios en ciencias políticas y a definirme políticamente como una mujer revolucionaria, de izquierda, que he mantenido todos estos años. En la cultura y el arte comencé desde que nací, porque tuve la suerte de nacer en una familia de artistas, músicos. En 1955 fundé el Conjunto Típico Femenino de Lara. En 1962 me fui a Caracas, y fue donde empecé a desarrollarme con el teatro.

—¿Qué diferencias ves entre la creación artística de antes y de ahora?

—Diferencias no creo que haya muchas. Los pueblos avanzan con el virus y sin el virus. Avanzan los cerebros, el espíritu, y avanza la creación a pesar de que tengamos inconvenientes serios como el que está pasando ahorita la humanidad. Nuestro deber mientras tengamos vida es luchar hasta el final. Nosotros, los que vivimos de esta profesión consideramos que a través de ella debemos demostrar que se puede luchar y que esta profesión debe servir para enseñar, para transmitir a las nuevas generaciones.

—¿Cuáles consideras tus mayores satisfacciones en la vida?

—Me considero una mujer realizada. He hecho muchísimas cosas en la vida. El teatro y el arte que he realizado siempre han sido revolucionarios y comprometidos, porque eso fue lo que me enseñaron mis maestros. He luchado con muchas dificultades de salud. Soy sobreviviente de cáncer desde hace cincuenta años, y he sobrevivido a dos operaciones. Hace veintitrés años padezco de esclerosis sistémica progresiva, una enfermedad inmunológica. Estoy discapacitada legalmente, pero camino con bastón y puedo usar el metro. Tengo seis hijos, 16 nietos y cinco bisnietos. Soy una mujer muy afortunada, tengo  una familia maravillosa. La familia es importante para el desarrollo de un artista.

Mis maestros también han sido muy importantes en mi crecimiento y desarrollo como artista. Ellos marcaron mi vida hasta la actualidad. Lo único que no he logrado, porque no me lo propuse nunca, es ser millonaria (risas). Yo creo que eso ya lo dejaré para la próxima vida. Por ahora, me siento una mujer muy feliz, muy realizada, con una familia y amigos maravillosos.

—¿Cuáles consideras que han sido tus principales aportes a la cultura venezolana?

—Mi trabajo en las artes ha sido muy comprometido, así como todas mis obras. He hecho muchísimas cosas en la vida. Escogí la dirección teatral, porque es donde mejor me manejo, mucho más que la actuación. También soy actriz, por supuesto. Pero lo que más me ha gustado ha sido la dirección teatral. Desde muy joven me dediqué a dirigir, incluso a personas mucho mayores que yo, desde que tenía la edad de veinticuatro años.

Recientemente fundé una galería de arte pequeñita en Barquisimeto en mi casa, llamada Chiminia Galería. Trabajo con un grupo de artistas plásticos excelentes: magníficos profesionales y profesores en UNEARTES, la Escuela de Artes de Barquisimeto. Hemos formado un grupo muy bonito. Ya llevamos seis exposiciones con gran éxito. Hasta ahora no contamos con ayuda ni gubernamental ni privada. Allí hemos celebrado conversatorios, recitales, hicimos un teatrino de títeres. Le hemos rendido tributo a César Rengifo y a Argimiro Gabaldón. También estamos hermanados con el grupo Lea 2.0 en Barquisimeto. Tenemos tres proyectos muy hermosos: el 23 de junio inauguraremos ‘Rostros de Simón Bolívar’, hechos por varios pintores larenses. También estamos participando en el concurso de murales, inspirados en César Rengifo y su obra: ‘Esa espiga sembrada en Carabobo’. Por otra parte estoy reactivando la obra ‘Todos somos José Leonardo’, basada en el levantamiento del zambo José Leonardo Chirinos en Curimagua.

—¿Qué mensaje deseas darle a la comunidad de ÉpaleCCS?

—Lucharé hasta que me muera, así como mis ideas revolucionarias que acompañaré hasta la muerte. Mi trabajo es comprometido: nunca ha sido para entretener, sino para despertar los corazones, para crear conciencia. Creo que soy un ejemplo de lucha. Tengo logros muy importantes sin ánimos de ser pedante. Espero que mi ejemplo sirva para inspirar a quienes se cansan de luchar, y de eso no nos podemos cansar nunca. Tenemos que luchar hasta el final y por causas justas. A través del arte tenemos la gran responsabilidad de mostrar lo que ocurre en el mundo, en nuestro país. Tenemos que plasmar todo lo que estamos viviendo, y de seguro vamos a superar. El 24 de junio nos demuestra que sí se puede lograr lo que uno quiere en esta vida.

ÉPALE 412