Tintorero

Texto y Fotografía Aracelys García Reyes• @aragar1

Se solía llamar tintorero al artesano cuyo oficio estaba relacionado con el teñido de hilos o telas. Oficio que según cuentan, tuvo un desarrollo importante en la Europa colonizadora, y que impuso una narrativa de un continente próspero y productivo, cuando la verdad es que muchos de los textiles que llegaron con la conquista eran de origen asiático.

En América, son variados y ricos los hallazgos sobre la existencia de este oficio practicado por artesanas de la precolonia, por lo menos dos mil años antes de la conquista. Ana Roque, en su libro; Colores y Colorantes de América, afirma que: “Es el textil, junto a las lenguas indígenas, la huella más profunda de nuestra identidad”. Afirmamos con ella, que en modo alguno la tintorería americana podrá considerarse como accesoria a la europea, sino, original y con tecnología propia. Aún más, fue determinante en nuestra concepción simbólica y estética. Un legado que sin duda estamos obligados a preservar y a defender.

En Venezuela, aunque no se han encontrado muestras arqueológicas de la actividad textil que nos lleve a determinar la práctica del teñido, si se han localizado instrumentos para la tejeduría. Otro dato que nos permite afirmar que la actividad textil se desarrollaba en Venezuela, antes de la conquista, fue la pericia que mostraron nuestros pueblos originarios, ante la tecnología de los telares traídos por los españoles.

Esa tradición, que en buena parte es producto de la resistencia, está hoy presente en uno de los pueblos más coloridos de Venezuela, cuyo nombre toma del oficio del teñido. Tintorero, pueblo artesano del estado Lara de obligatoria parada si vas por la carretera Lara-Zulia, se inició como pueblo del tejido y teñido a finales del siglo XIX.

Hoy ya no se tiñe, ni se hila como en otrora, y aunque el algodón industrial haya suplantado la lana, el zarandeo de las maderas del telar sigue contando su historia como un libro abierto, cuyas páginas son cada artesano y artesana que continúa tejiendo. Son las hamacas las letras coloridas con las que se recoge esta memoria. Son personajes como Juan Evangelista Torrealba, su hija Marcolina de Mendoza y definitivamente Sixto Sarmiento, quienes iniciaron a escribir este libro en el que un pueblo de artesanos se hizo a fuerza de tintes, hilos y telares. Por allí se escucha al final de cada Feria de Tintorero el violín de Don Sixto, celebrando que su herencia sigue viva.

ÉPALE CCS N°478

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