¿Todo tiempo pasado fue mejor?

                               Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                Ilustración Yulia Pino@arte_moon88

La nostalgia, el saudade. Mirar atrás es un encanto del que muchas y muchos de nosotros somos cautivos para visitar una y otra vez las imágenes de nuestra memoria, que se construye sobre la base de todo lo que vemos, oímos, decimos y sentimos para pasar a convertirse en el archivo akáshico de nuestro transitar por este universo.

Se dice que el tiempo se descubrió una vez que el día se apagó, dando lugar a las estrellas. De pronto, la sinfonía de las centellas estelares daban lugar de nuevo al día, convirtiendo así al círculo en una constante del devenir de la evolución.

Ahora, pasa lo siguiente: en algún momento de la historia, la humanidad empezó a trazarse patrones e ideales sobre el deber ser, trayendo como consecuencia las frustraciones, reconcomios y la peligrosa tentación de conjugar el modo subjuntivo. Fue así como se desarrollaron las neurosis, y más de una y de uno se la pasa socavando en los archivos de la mente para regodearse sobre la idea de lo que pudo haber sido.

Con la llegada del tiempo, el cambio pasó a convertirse en una constante. De allí que surgiera el nacimiento de la historia. Así, la evolución de la humanidad ha caminado sobre la base de la lucha contra la bestialidad de nuestros instintos de cara a convertirnos en seres humanos. Y así andamos: acumulando presentes y depurando el ensayo y el error.

La eterna queja

Las recién concluidas olimpíadas generaron en las siempre atiborradas notificaciones del guasap numerosos comentarios entre nuestros connacionales que reflexionaban, con lastimera letanía, que en el pasado nuestros atletas habían sido mejor tratados que ahora. Urdían concienzudos análisis en los que aseguraban que la desidia de este rrrrrégimen había llegado a los sacrosantos juegos deportivos. De allí que empezó a desarrollarse la matriz de opinión de que a nuestros atletas el Gobierno Bolivariano los había abandonado a su suerte. Ese reproche aparentemente inocente y desinteresado sobre la mala gestión del Estado para atender a nuestra generación de oro en Tokio condujo, como siempre, a la aseveración férrea de que con AD se vivía mejor.

Decía Ernesto Sábato en El Túnel, que no es que el pasado fuera mejor; la desmemoria de la memoria con frecuencia suele jugarnos malas pasadas al punto de idealizar situaciones que en realidad nunca fueron felices.

Por esta razón, nosotros aquí, como dignos hijos de Cronos, hemos decidido salir de la barriga de nuestro padre el tiempo y aniquilarlo. Principalmente para recordarles a nuestros queridos hermanos escuálidos, que no olvidamos que en los tiempos de Francisco “Morochito” Rodríguez al pobre le ofrecieron villas y castillos y nunca le cumplieron. También, que nuestras selecciones eran bien poquitas y nunca figurábamos ni como bandera exótica para el álbum de barajitas de un niño.

Una cosa curiosa de ciertas baladas del tiempo, es que cambian los trajes, pero el combate contra el mal siempre es el mismo. Es la misma culebra, el mismo enemigo y la misma causa: la conciencia.

ÉPALE 427