Toña León: “Las palabras del cantor son una molotov”

Esta cantante y cultora considera que es indispensable conocernos a nosotros mismos

                                   Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                Fotografía Mairelys González@mairelyscg27

Toña León es una cantautora que usa el cuatro y su voz para generar conciencia y sensibilidad social. Pertenece a esa generación de cultores y artistas que con su quehacer y creatividad llevan una chispa que despiertan al pueblo a través de la palabra y el ejemplo. Su creatividad está compuesta de múltiples elementos artísticos y culturales que rinden tributo a nuestros ancestros. Toña se distingue, precisamente por ser una cantora que compone no solo para el pueblo sino para nuestros pueblos indígenas. De hecho, su arte lo define como un “canto social enseñando parte de la historia”. Tuvimos la oportunidad de compartir con ella, y recibimos una clase magistral de espiritualidad y filosofía. El arte que corre por las venas de esta artista de signo tauro de 61 años de edad es consecuencia de un estudio profundo y consciente sobre el ser humano y la evolución. “La educación debe usarse para conocernos a nosotros mismos, no para llenar un papel y lápiz”. Con esta sentencia irrumpe nuestra cantora. Conozcamos parte de la voz poética de Toña León.

—¿Por qué la música?

—Es el lenguaje que usamos todos los seres para poder comunicarnos los unos con los otros. Con la música podemos decir que somos semejantes. Una armonía, una fraternidad para con tu semejante, eso lo hace la música. Esa esfera hermosa que te eleva, te hace sentir otro. La música extrae del fondo de las cosas lo más bello que hay en ellas. Así estemos en una oscurana, en un barrial, siempre hay una lucecita que te va a guiar y va a permitirte discernir. Los humanos somos muy externos, no ponemos en principio lo espiritual. Por eso nos damos tantos golpes. Tenemos una gran carencia de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El planeta está pidiendo cambios. Estamos a punto de desaparecer como género humano.

— ¿Cuál consideras que es tu misión política y espiritual con tu quehacer artístico?

—Para mí es un aprendizaje, es un modo, un medio para poder expresar lo que siento. Pero no para mí, sino para todos como seres que somos. Es algo que no puedo definir con palabras, algo que te conecta con lo superior, eso permite que puedas transmitir el mensaje que dice: “yo te quiero a cambio de nada”. Necesitamos aprender, necesitamos ser lo que tenemos que ser en principio. Hay que ser primero esencia y, luego, ser humano. Pero actuamos al revés. Nosotros los seres necesitamos un cambio, pero debe ser a través del sentir, no del intelecto. No es a nivel de papel y lápiz ni de una universidad. Esto que yo te digo, no lo aprendí en una universidad. Lo aprendí en la escuela de la vida.  La vida tiene sus reglas, tiene sus leyes. El humano también tiene sus leyes. Pero nosotros nos vamos más por lo humano que por la esencia. Yo no estudié música, yo no sé dónde nombrar un tono, no sé de dónde sale la hermosura de voz. Yo me escucho y me sorprendo. Tuve una experiencia con una cantora venezolana con más de cuarenta años en tarima, que me dijo “Es que tú no sabes lo que eres”.

—¿Cuál es el aporte que estás brindando con tu música?

—En parte, dar a conocer: la memoria. Saber de dónde venimos. Tanto en lo físico como en lo espiritual. Yo vengo de los aborígenes. Mi genética, esa esencia. Por eso soy así: soy una mujer perceptiva. Soy india.

—Cuéntanos de tu trayectoria artística

— Para mí la música es vital. La música me deja en un estado muy sereno, pero muy tranquilo. Es como si estuviera en trance. Con la música entro en un estado de quietud y armonía que no me explico. La voz del cantor y el instrumento: el arpa con el cuatro me echan a perder. Esa música me lleva al momento donde yo la aprendí. Fue ahí donde la percibí, la capté y la acepté. Eso a mí me enamoró de este mundo. ¿De dónde aprendí? A la primera persona a quien le vi un instrumento en sus manos fue a mi papá. Y fue un cuatro. A través de él, observándolo y escuchándolo, me quedé con el cuatro hasta el sol de hoy. Yo tenía siete años cuando escuché por primera vez un cuatro. Empecé a escudriñar y descubrí el género que tengo en frente, que padece, que ama, que lucha. No sabes lo hermoso que es cantarle a un pueblo: ese pueblo que cree en la libertad, tanto física como mental. Ese pueblo que se encargó de que yo fuera libre sin yo haber participado. Mi libertad se la debo a un personaje, que fue Bolívar. Ser venezolano es ser libre de espíritu, de conciencia, y de intelectos reprimidos, cuadrados. Cuando nos demos cuenta de esto, veremos lo ricos que somos en esencia. Toda la vida voy a ser una tirapiedras.

—¿Cómo ves la participación de los cultores en este proceso revolucionario?

—Nos tienen en el olvido, le somos indiferentes. Nos usan para llenar una necesidad, pero no para ayudarnos a que se divulgue nuestra palabra tanto a nivel interno como externo. Chávez nos dio la oportunidad a quienes creíamos en otro mundo posible, en un cambio. Los cantores son tan fuertes como un tanque de guerra: sus palabras llegan al corazón y la conciencia.

—¿Cómo percibes la participación de la mujer actualmente?

—Siendo lo que nos tocó ser, tenemos una responsabilidad muy grande. Las mujeres somos pilares, punta de lanza en el sentir, el educar, el amar, la espiritualidad, el consejo, el saber discernir. Las mujeres somos más sensibles que los hombres. Está bien que la mujer tenga su gran participación en la política. Somos necesarias tanto en la revolución, como en el hogar, la escuela, como guía, etcétera.

—¿Cómo fue tu experiencia con Chávez?

—Cuando conocí a Chávez dije toda clase de locuras. Lo escaneé, y encontré en él la presencia de muchos maestros. Le dije: “Yo sé quién eres tú”. Chávez vino a traernos conciencia. Si la vida nos permitió conocer ese ser con esa carga moral, ¿Por qué no la ponemos en práctica? Él quería que los más débiles aprendiéramos. Nos elevó el nivel de conciencia. Eso es lo que debemos acentuar nosotras como mujeres. Como cantora social, a mí me tocó.

—Cuéntanos de tus canciones

—Mis canciones son el pueblo hecho historia. Un pueblo que quiere y aún sigue a ese hombre porque lo llevamos en el alma. Él me motivó a hacer esto. Siempre me llamó el canto del amor al pueblo. Un cantor social con la palabra, expresando el sentir. El cantor del pueblo transforma la palabra en canto, y los incluye a todos.

—¿Te sientes realizada?

—Me siento agradecida. Pero hay algo que tenemos que lograr los cantores del pueblo. Los cantores viven faltos de comprensión. Que no nos pase como le pasó al cantor del pueblo, que tenía que dar tumbos para dar su mensaje. Dénle el puesto a los cantores sociales dentro de esta revolución.

—¿Qué crees que le hace falta a Venezuela?

—Otro Chávez. (risas). Me hace falta Chávez. Su enseñanza, su bondad, sus críticas constructivas, su amor a sus semejantes. Todo eso hace falta en la revolución.

—¿Qué mensaje deseas darle a la comunidad de Épale CCS?

— Que esas puertas nunca se les cierren al pueblo, tanto en lo cultural como en el aprendizaje, en lo fraterno, en la política. Que nunca se les cierren las puertas al pueblo.   

ÉPALE 416