Trotar como remedio a las adicciones: comida (III)

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Jade Macedo • @jadegeas

Te he expresado mis puntos de vista sobre el valor terapéutico del trotar en los procesos de rehabilitación de dependencias de las drogas y el alcohol, destacando que ayuda a quienes enfrentan estas dolorosas recuperaciones a tener más confianza en sí mismos, a rellenar tiempos vacíos y a encontrar nuevas relaciones.

Hoy quiero tocar una forma de adicción que tal vez no afecte a tanta gente como las anteriores, pero es un tormento para quienes la padecen: la adicción a comer.

Las personas que sufren este trastorno se atapuzan de comida como forma de autosatisfacción y de alivio de sus angustias. Luego de unos momentos de placer, se sienten peor consigo mismas, además de que la ingesta descontrolada, las ponen en riesgo de sufrir diabetes, diversas cardiopatías y enfermedades digestivas.

Para estas personas, empezar (o volver) a correr puede ser un remedio con efecto bucle. Por un lado, les puede traer la sensación ya conocida de reducción del estrés; por el otro, si el comedor compulsivo se engancha en el deporte, sentirá la necesidad de poner orden en sus hábitos alimentarios para trotar mejor. Un círculo virtuoso.

Claro que no será un jardín de rosas, pues normalmente las personas con este desorden en la relación con la comida tienen sobrepeso y, por tanto, las primeras sesiones de trote suelen ser de terror. Se sienten torpes por la poca elegancia de sus movimientos y hasta ridículos por andar en ropas de correr. Si es tu caso, te digo que este es justamente el momento de perseverar. Pronto verás mejoras y te acostumbrarás a las incomodidades. Y vendrá la recompensa expresada en una disminución de esas ganas locas de tragar.

Eso sí, te advierto que es necesario estar atento a las trampas que te monta tu propia mente. Por ejemplo, si la vocecita interior te dice que esta noche te puedes meter un enorme plato de espagueti con mucha salsa y queso, “porque hoy corriste dos kilómetros”, ¡no le hagas caso!, porque si trotar te va a servir de excusa para seguir comiendo en exceso, será peor el remedio que la enfermedad.

 

 

 

 

ÉPALE CCS N°476