Trotar como remedio a las adicciones (I)

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Jade Macedo • @jadegeas

Una de las muchas controversias que genera la actividad de correr o trotar es la relativa a si en verdad puede ayudar a las personas a superar adicciones como las drogas, el alcohol o el tabaco.

Como suele pasar, unos estudios dicen que sí y otros que eso es mera especulación. Los primeros sostienen que las hormonas que se liberan en la actividad física sustituyen, en sus efectos, a las sustancias estupefacientes.

Te aclaro, no es que el acto de trotar un poco pueda compararse con las “notas” de los narcóticos que causan dependencia. Pero sí produce sensaciones placenteras parecidas de dicha y serenidad o de euforia y creatividad. “No son experiencias tan intensas, pero tampoco tan efímeras como las que producen las drogas”, me dijo una vez un trotador con experiencia (se ha metido de todo un poco).

Entre las “drogas endógenas” que el trote y cualquier actividad física más o menos intensa liberan, el rol estelar lo tienen las endorfinas, que, además de sensación de bienestar general, pueden aliviar el dolor, tal como lo hacen las drogas opiáceas, pero sin los efectos perniciosos de estas.

Explican los expertos que los adictos a las drogas se resisten en las primeras etapas de la rehabilitación a buscar en el deporte un sucedáneo de su producto. Y es lógico que lo hagan porque la sustancia externa produce un efecto más fuerte y no requiere ningún trabajo. En cambio, trotar varios kilómetros exige esfuerzo. Curiosamente, con el paso del tiempo, la valoración de esto se invierte y la persona empieza a considerar que el sudor que cuesta es un incentivo para el disfrute.

Aparte de sustituir parcialmente las sensaciones que la droga produce en el adicto, una actividad como el trotar o correr es pertinente en la rehabilitación porque llena tiempos que van quedando libres cuando la persona rompe el contacto con otros consumidores de estupefacientes y modifica sus hábitos destructivos. Al ser un deporte que se puede practicar en soledad y a cualquier hora, el paciente en recuperación evita el vacío y, en muchos sentidos, se da a apoyo a sí mismo.

 

ÉPALE CCS N°474