Trotar como remedio a las adicciones (IX): Trabajólicos que corren

Te hablé de los problemas que experimentan los trabajólicos para asumir no solo el trote, sino cualquier actividad que los “distraiga” de su empeño fundamental en la vida: trabajar. Pero no todo está perdido, hay personas con esta adicción que trotan.

Algunos trotadores trabajólicos lo hacen para trabajar mejor, claro. Su mente está tan enfocada en lo laboral que asumen el esfuerzo deportivo como un mecanismo para ser más eficientes y productivos. Entonces no es raro que el trotador trabajólico sea de la subespecie más competitiva, los que se obsesionan con las carreras y quieren siempre “ganarles” a sus compañeros o hasta a trotadores desconocidos.

Otros fanáticos de la chamba son trotadores autoculpabilizados. Gente que corre a escondidas porque teme que los demás piensen que pierden el tiempo, que son unos vagos.

Hay adictos al trabajo que realizan la actividad deportiva, pero se muestran incapaces de separarse de su empleo. Puede que estén en un lindo parque, respirando aire puro, pero su cabeza está en el puesto de trabajo, rumiando alguna reunión conflictiva del día anterior o anticipando lo que dirá en la siguiente.

Algunos de estos últimos no se conforman con trasladarse mentalmente a la oficina, el negocio o la fábrica, sino que se llevan los pertrechos tecnológicos necesarios para trotar y trabajar a la vez. Son esos que te comenté en la entrega anterior, los que van corriendo y atendiendo asuntos laborales a través del celular. Si eres uno de esos, te recomiendo, de pana y todo, que busques ayuda.

Pero si la anterior modalidad te parece terrorífica, déjame decirte que hay un tipo peor de trotador trabajólico. Se trata del jefe que pretende obligar a sus supervisados a correr juntos y así transformar la hora de esparcimiento en otra hora de trabajo. Y aquí me permito otro consejo no solicitado: si tienes un jefe así y te invita a correr, hazlo, pero en dirección contraria porque el trote obligado y mezclado con trabajo es lo peor de dos mundos.

ÉPALE CCS N° 482