Trotar como remedio a las adicciones: los trabajólicos (VII)

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher | Ilustración Jade Macedo • @jadegeas

Entre las muchas adicciones que acechan a las personas en la sociedad actual hay una que parece excéntrica pero es más común de lo que parece: la adicción al trabajo.

El trabajólico es un sujeto que depende del trabajo como el alcohólico del licor. Y, a menudo, no hay nada en el mundo que les interese más que trabajar. Casi te oigo diciendo que es el retrato de un compañero, un jefe o alguien de la familia. Claro que no estaría de más que te revisaras, no vaya a ser que tú también lo seas. Se ven casos todo el tiempo.

¿Puede servir el trote para aliviar a los trabajólicos? Según parece sí, sobre todo porque si la persona se lo toma en serio y puede abrir un frente de actividad diferente a la brega en un lugar distinto al sitio de trabajo, ya sea en solitario o con gente que hable de otra cosa.

Además, esta actividad deportiva puede ayudarlos a reducir el estrés que va asociado al exceso de trabajo.

Claro que no es tan fácil como se dice, porque una de las características de los trabajólicos es la capacidad de meter el trabajo en todas las actividades de su vida. Por ejemplo, de vez en cuando veo gente trotando en el parque y, al mismo tiempo, despachando asuntos laborales o dando órdenes a través del celular. Tengo entendido que lo mismo pasa en los gimnasios, sobre todo los que tienen clientes de alto nivel gerencial. En mi opinión, hacer eso es arruinar uno de los principales atributos que tiene el ejercicio físico: despejar la mente.

Algunos trabajólicos lo son por sumisión, es decir, porque quieren quedar bien con los supervisores y para ello sacrifican su vida personal. Otros, en cambio, son esclavistas: quieren que todos a su alrededor, en especial los empleados bajo su dirección, sean también adictos al trabajo y, en consecuencia, les hacen la vida imposible.

Los sumisos tienden a abstenerse de asumir el ejercicio porque eso los puede distraer de sus labores. Los esclavistas les refuerzan esa idea. Algunos jefes trabajólicos desaprueban que sus supervisados troten o vayan a gimnasios. ¿No es una locura?

Épale N° 481