Trotar como remedio a las adicciones: sedentarismo (VI)

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Jade Macedo • @jadegeas

Todo el mundo dice que el sedentarismo es una de las causas de enfermedades cardiovasculares, y de otras muy serias como la diabetes y la depresión clínica. Pero hay que considerar que también se comporta como una adicción, en el sentido de que es un mal hábito difícil (¡muy difícil!) de superar.

Después de que cuerpo, mente y espíritu se acostumbran a no hacer nada de ejercicio físico o, a solo moverse lo indispensable para llegar a la parada de autobuses o al estacionamiento, cambiar requiere de un esfuerzo notable.

Como decía una vieja canción, dulce es no hacer nada, y cuando la gente encuentra ese melao, luego no quiere dejarlo.

Mi amigo Emilio La Peruta me decía, en los días de la cuarentena estricta, que cuando terminara la pandemia, muchos no iban a querer salir de sus casas a trabajar.

Harían todo lo posible para seguir laborando a distancia y, por la vía que íbamos, todos terminaríamos como los humanos en las naves espaciales de la película Wall-E, que ya ni siquiera se levantaban de sus sillas.

En verdad, la pandemia acentuó esa tendencia de las sociedades autocalificadas como “modernas”, pero la esencia de ese comportamiento tan nocivo data del siglo XX.

Buena parte de la industria capitalista se ha dedicado a producir en serie, inventos destinados a que la gente permanezca estática, mientras esté consumiendo, claro.

En respuesta a esa perniciosa corriente, han surgido, también desde mediados de la pasada centuria, numerosas iniciativas para evitar el sedentarismo, destacando entre ellas la del trote porque no requiere gimnasio ni instructores ni indumentarias demasiado especiales.

Naturalmente, no es fácil renunciar a una vida cómoda, sin esfuerzos, para ir tres o cuatro veces por semana a un parque o una pista a sudar la gota gorda. Pero esa es, en rigor, la única manera de hacer esa transición. No existen pastillas ni tratamientos mágicos para irse por una vía más rápida.

Lo que si te digo es que la recompensa que te espera vale el sacrificio. Si lo haces, me cuentas.