Trotar con una enfermedad de viejos (III)

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher /  Ilustración Jade Macedo • @pounamuart

Te hablé de trotar cuando se padece osteoporosis, así que tiene lógica seguir con otras dos enfermedades del sistema óseo que también amargan a los adultos mayores: la artritis y la artrosis.

Las diferencias entre ambas son varias, pero tienen en común que afectan a las articulaciones, es decir, a las conexiones entre los huesos. De ellas, la artrosis es la que más se asocia con la edad.

Cuando la afectada es la rodilla, a los que ya son corredores o trotadores se les pone la vida de cuadritos. Ya sea que haya derrame del líquido sinovial (lubricante natural de la coyuntura) o desgaste de los cartílagos, las molestias y el dolor van en aumento y llegan a ser insoportables. Y, según los testimonios de los sufrientes, se incrementa con el ejercicio.

Cuando a un corredor o trotador le diagnostican alguno de estos males, la recomendación suele ser dejar de correr o trotar y dedicarse a caminar. Parece un consejo razonable, pero para quien tiene cierto tiempo en esto puede ser casi un insulto o bien una especie de desahucio, casi como si te dijeran que te quedan dos meses de vida. Los efectos psicológicos pueden ser devastadores.

No todos tienen la presencia de ánimo de un amigo indoblegable quien ha hecho una versión deportiva del chiste del italiano y el sexo (no me pidan que lo eche aquí) y dice que cuando ya no pueda correr, se dedicará a trotar; cuando no pueda trotar, caminará; y cuando no pueda caminar, se arrastrará.

Personalmente no me he topado con este problema, pero creo que todo depende de la gravedad del daño. En algunos casos bastará con “bajarle dos” a la intensidad del ejercicio, pero en otros habrá que optar por la caminata o un trote muy ligero, preferiblemente sobre una superficie suave, como grama, arena o el tartán de las pistas de atletismo. Las menos recomendables son el concreto y el asfalto porque aumentan el impacto sobre la zona
problematizada.

En todo caso, paciencia y buen ánimo son ingredientes fundamentales para que el dolor físico no termine siendo también mental.

ÉPALE 455