Un campesino rajao

Por Pedro Delgado / Ilustración Justo Blanco

Cuando la parca decidió venir por el Comandante Chávez, tal vez lo haría a sabiendas que el 5 de marzo se conmemoraba, según las efemérides venezolanas, el Día del Campesino. Pudo haber pensado ella, la parca –si de especulación se trata– que él, todo un campesino rajao, veguero y pata en el suelo como así mismo solía definirse, se encontraría a gusto de irse al más allá muy de acuerdo con eso. Bajo el mandato del entonces presidente Rómulo Betancourt fue promulgada la Ley de Reforma Agraria, 5 de marzo de 1960, de ahí el día de marras, disque por aquello de reconocer las  luchas del campesinado por la obtención de tierras birladas por el latifundismo.

Ese día se agolpó en el Campo de Carabobo tal multitud, que según la reseñas de entonces no cabía más un alma.  ¡Viva Rómulo! ¡Cojedes presente! ¡Aragua está aquí! Eran exclamaciones a voz de cuello . Al año siguiente, diciembre de 1961, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy iría junto a su esposa Jacqueline fue a entregar títulos de propiedad en  Maracay, estado Aragua, hubo el mismo jolgorio: Al respecto, antes de irse al éter el Comandante le contaría a su amigo el periodista Ignacio Ramonet, para el libro Hugo Chávez Mi primera vida, su apreciación personal sobre aquel decreto ley firmado por Betancourt.

“La estrategia de Estados Unidos era entonces de impulsar por toda América la reforma agraria (para que los campesinos no se sumaran a la revolución, acota Ramonet). Correcto. Entonces Rómulo Betancourt asume la reforma agraria y entrega tierras. Claro, aquello terminó siendo una farsa porque no hubo acompañamiento, ni hubo planes productivos y terminaron los ricos, los latifundistas comprando a precio de gallina flaca las tierras entregadas a los campesinos pobres. Estos no recibieron ni maquinaria, ni créditos, ni atención para nada. La Venezuela petrolera no tenía ningún interés en producir alimentos.”

Para resolver todo aquel entuerto, el 9 de noviembre de 2001 el presidente Chávez decidió  poner la zurda al firmar la  Ley de Tierras y Desarrollo Social, salida en Gaceta Oficial cuatro días luego, oficio que otro Betancourt (José Luis) presidente de la Federación Nacional de Ganaderos, días después rompiera ante las cámaras de televisión. Arrechera oligárquica, esa de ver a los campesinos ahora con tierra propia, insumos y maquinarias para el trabajo propio gritando: ¡Viva Chávez!

“¡La guerra contra el latifundio es esencia de la Revolución Bolivariana!”, sería la respuesta presidencial.

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