Un conspirador en Catia

Por Pedro Delgado / Ilustración Justo Blanco

El 17 de julio de 1991, a un año de haber sido ascendido al grado de teniente coronel, es cuando Hugo Chávez llega a Catia a comandar la Proveeduría Militar situada en la avenida Sucre, en una parroquia pateada por él en los tiempos de cadete. “Fue una cachetada para mí”, dijo en una entrevista, por aquello de tener que hacer labores de logística cuando la razón militar era que debían asignarle un batallón de tropa para su comando. Todo por recaer sobre él la sospecha de andar conspirando contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Once días después (28 de julio de 1991) celebraría su cumpleaños número 37, un tanto inconforme por estar al mando de una vieja instalación de expendio y almacén de diferentes rubros. Confesó haber desfilado por los pasillos sin otra cosa que hacer, pensando cómo salir de allí creyéndose un tigre enjaulado, acosado por la idea conspirativa cocinada junto con otros compañeros.

También contó en la entrevista que al ir a la Academia Militar a los actos protocolares de sus amigos, fastidiado de no hacer nada en la Proveeduría y al encontrarse con Jesús Ortiz Contreras (al éste haber sido nombrado comandante de un batallón de cazadores), le comentó su caso de no tener mando en un cuartel, algo que bien le correspondía. Le bastó a Ortiz Contreras hablar una noche de fiesta en la Academia Militar con el nuevo ministro de la Defensa general Fernando Ochoa Antich, para que lo tomaran en cuenta. “Compadre, lo están llamando de la comandancia”, le dijo Ortiz por teléfono días después.

El 13 de agosto de 1991, tres semanas luego de haber llegado a Catia, fue nombrado primer comandante del Batallón de Infantería de Paracaidistas Antonio Nicolás Briceño en el cuartel Páez de Maracay, por órdenes del ministro de la Defensa en razón de ser primero en su promoción, y lo más importante para el ministro: aplacar el malestar causado en la joven oficialidad con “una guerrita en el seno del ejército”, alusión al ruido escuchado en el Alto Mando sobre una  conspiración en proceso.

Con un batallón de tropa de quinientos y pico boinas rojas bien entrenados, y un grupo de oficiales leales a su causa, sí que se sentiría como pez en el pozo para los fines de su alzamiento siete meses después, el 4 de febrero de 1992.

Fuente: Libro Hugo Chávez. Mi primera vida. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Vadell hermanos editores. 2013.

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