“Un poeta de mierda”

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano | Ilustración Erasmo Sánchez

Poetas, poetos, poetisas, poetastros, poetones, poetizar. Los bardos abundan, y más cuando se anuncia un festival, un concurso, una tenida. Hay poetas de toda clase y calaña, poetas elevados, límpidos, transparentes, honestos, militantes, malamañosos y de oficina.

Embriagados aún por toda la energía que nos inoculó el Festival Mundial que se escenificó en Caracas y en varias ciudades del país, nos queda gravitando la idea de que el acto poético encuentra oficiantes para bien y para mal, y existen varios mitos en torno al poeta como exegeta de una actitud, un oficio y una moda.

Asegura el genial Jaime Jaramillo Escobar en su Método fácil y rápido para ser poeta, que el buen vate se conoce por sus malos versos. Ahí empieza el dilema: entonces todos servimos para algo, porque casi todos pergeñamos mamarrachadas sin vergüenza alguna, y las leemos en público. Ahí entra en juego la regla muy progresista de asumir que cualquiera versifica o poetiza de forma libre con los puntos asegurados, y puede que sea así, pero se necesita mucha guataca y “competencia” para demostrarlo.

La revolución bolivariana, por cierto, ha apostado siempre a esa posibilidad y desde hace dos décadas ha estimulado todos los mecanismos de formación y participación, incluyendo ese mastodóntico llamado a publicar a escritores y escritoras de todo el país que atesoraran un original, por lo que se vieron desbordadas las oficinas de la editorial El perro y la rana y todo el mundo se sintió con derecho a que le publicaran su obra.

Much@s, apresurados por ver materializado ese viejo sueño del recreo escolar de dejar para la posteridad su libro de “poesías”, remitieron sus textos sin medir consecuencias, como el que se imaginó que nadie había leído Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, y lo mandó íntegro a un concurso literario adjudicándoselo sin estupor.

También los hay poetas encumbrados y pretenciosos: esos que a partir del renombre exigen exquisiteces de catering y se quejan si no encuentran agua Evian y Buchanan 18 en la habitación del hotel que los hospeda antes del recital, donde leerán un largo texto que se referirá al dolor de los niños yertos por los bombardeos del sur del Líbano.

Hay poetas de verdad: harapientos, sin obra, sin currículo ni distinciones. “Un poeta de mierda” como los denomina el extraordinario Rod Medina en su texto Dicen que la poesía. Esos son rapsodas las 24 horas del día, que hacen de la poesía un vínculo intransferible entre la realidad y la fantasía y hasta el gesto de comprar pan se convierte en un hecho creativo, atestado de prodigios y maravillas. Esos, digo yo, son los imprescindibles.

ÉPALE CCS N° 482

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